Estaban de vuelta en casa de Kayl, este hablaba por teléfono.
—Se dónde se reúnen.
—<<Estaré a la espera de sus órdenes para atacar>>
—No. Me encargaré de esto yo personalmente.
—<<Mi señor...>>
—Tú estarás junto a los demás, no podemos permitir que "el" sospeche algo sobre esto.
—<<Pero...>>
—Es una orden.
—<<Entiendo>> —. En su voz podía sentirse un atisbo de tristeza.
—Adiós María —. Colgó.
Kayl le daba demasiadas vueltas en su cabeza, necesitaba saber quién había ordenado a los licántropos atacar a Eddie, y lo averiguaría por las buenas o por las malas, solo entonces daría con "el".
—Eres muy duro con ella.
—Eso no es de tu incumbencia.
—¿Es que no lo ves? ella está preocupada por ti. Al igual que yo.
—No necesito la empatía de nadie.
—¿Por qué? ¿Por qué considerar a todos, tus enemigos?
—Cierra la boca.
—No puedes seguir huyendo de tu realidad.
—¿Yo huyo de la realidad? ¿Y qué me dices de ti, reina de las hadas?
Kayl tenía razón, ella había estado huyendo de su realidad desde hacía mucho tiempo, quizás desde el momento en que le informaron que ella sería la próxima sucesora al trono.
—¿Sabes? Yo he estado sola toda mi vida, sin nadie a quien pudiese llamar mi amigo. Yo no nací de ninguna familia real. Fui separada de mis padres desde antes que tuviera uso de memoria, nunca se me permitió saber nada de ellos y del mismo modo ellos no intentaron encontrarme. Me crie bajo la tutela de horribles personas, a las que no les importaba en lo más mínimo como me sentía. A los pocos años me dijeron que yo era la futura reina de las salamandras, y de ahí en adelante mi vida cambió para siempre —sintió como se le hacía un nudo en la garganta, las ganas de llorar que había reprimido tantos años querían salir a flote. De pronto unas peculiares marcas semejantes a tatuajes en formas espirales aparecieron en su piel, podían apreciarse en sus piernas, sus manos, y desde su cuello hasta sus mejillas. Esas marcas que antes no estaban emanaban un tenue brillo dorado— Cada cien años nace un hada, portadora de las marcas reales. Estas marcas son lo único que me hacen digna al trono... son mi maldición.
Las marcas de su piel volvieron a desvanecerse, entonces sintió como las lágrimas escurrían por sus mejillas, apartó su rostro y se apresuró a enjugarlas.
—¿Y qué?
<< ¿Y qué?>> Reous sintió como si la hubieran golpeado en el estómago.
—¿Crees que llorando tus problemas desaparecerán? Siento desprecio por las personas como tú.
—¡Yo no pienso así!
—Se lo que intentas. El mundo al que perteneces te echó afuera de un portazo, ¿O sería más acertado decir que nunca te dio la bienvenida? —Reous se había arrodillado y tenía la cabeza baja— Y ahora intentas buscar consuelo aquí.
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El hada y el vampiro
VampireErase una vez; la historia de un cazador que se enamoró de su presa. (Su error) La presa no sentía miedo del cazador, y así mismo se enamoró de el. (El error de ella) Todo parecía ser perfecto, ya que mientras se tuvieran el uno al otro todo estaría...
