Capítulo 3

71 4 2
                                        

Lo que el demonio ignoraba, era que su amor por ella no haria mas
que traerle desgracia.


~Día 1~

Esa noche Reous no logró conciliar el sueño. Apenas podía creer las cosas que le dijo a aquel hombre-vampiro, pero ya no había marcha atrás; había rogado por una oportunidad, y ese era el universo dándosela. Ya era de mañana, a esas horas Kayl debería estar durmiendo, con eso de que los vampiros son nocturnos, pensó ella. De pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos, alguien llamaba a su puerta, y aún antes de abrirla ella sabía de quien se trataba. Se levantó de su cama con dificultad y le abrió la puerta a Anelia. Como todos los días, ella le traía el desayuno, comida y cena sobre una charola, la cual colocaba sobre una pequeña mesa. Luego saludaba apropiadamente.

—Muy buenos días su majestad, espero que haya descansado bien.

—No en realidad —. Dijo bostezando.

—¿Problemas para conciliar el sueño?

—Sólo estaba un tanto nerviosa —Mintió — Hoy me reuniré con las futuras reinas de los demás reinos.

—Creo que eso será un problema.

—¿A qué te refieres?

—Usted sabe cómo es la mayoría de la gente.

—En realidad no estoy segura de saberlo. Crecí separada de casi todo el mundo, con el consejo siempre vigilándome. Creía que eran así de crueles por ser... bueno, el consejo.

Anelia sintió una profunda pena tras oír eso, ella había sido asignada a cuidar de Reous desde hacía apenas un año atrás, por ello no sabía mucho de su pasado.

—Bueno señorita, el consejo suele ser más duro que las demás salamandras, pero las princesas de los demás reinos no serán muy diferentes, les han impuesto ideas muy retorcidas sobre cómo debe ser el mundo, ideas que no deberían ser verdad—. La tomó por los hombros —Usted señorita, es una rosa rodeada por hiedra venenosa. Estoy muy feliz de que usted sea fiel a su corazón.

Reous la abrazó, agradeciendo tener a alguien en quien confiar. Anelia se sentía muy feliz porque Reous sería la nueva reina, en cuanto a ella; las cosas eran muy distintas.

El sol estaba por terminar su ronda, Reous se encontraba en el reino de la tierra, en el palacio real; sentada frente a una gran mesa redonda, sobre la que había cuatro tacitas llenas con un líquido negro dentro, y respectivamente un hada frente a cada tasa.

<<Caraó; princesa de las Drinfas, reino de la tierra. Seaníl; princesa de las sílfides, reino del aíre. A ellas dos las recuerdo, pero ¿cómo se llamaba la chica del reino del agua?>> Reous trataba de recordar su nombre desesperadamente, desde que ella era pequeña se le había informado sobre las demás princesas, pero ya había olvidado la mayoría de eso. Parecía que había pasado una eternidad desde que le dijeron que un día se reunirían las cuatro, cuando era solo una niña. En ese entonces ella solía creer que todas serian amigas, y gobernarían juntas, que ingenua era.

El hada que vestía de blanco, con un corto cabello negro azulado y unos ojos verdes, se puso de pie y a continuación se presentó:

—Mi nombre es Seaníl Vanper Homt, futura reina de las sílfides. Es un gusto poder conocerlas al fin.

Se sentó y fue el hada del vestido café, con un extenso cabello lacio color oro y ojos azules la que continúo:

—Yo soy Caraó Meros Eil, futura reina de las drinfas. Espero que podamos llevarnos bien.

Retomó su asiento y de manera automática la princesa de los silph —reino del agua— se puso de pie. Al igual que las demás, llevaba un vestido; color azul, con un corto cabello purpura y unos ojos del mismo color que parecían un profundo abismo. Reous sentía una especie de aura aterradora proveniente de las otras dos, pero ella... algo era distinto en ella, aunque no creía que para bien.

El hada y el vampiroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora