Furico, y con una sed de sangre insaciable; el juró que cobraría venganza.
~Día 3~
Reous estaba corriendo, respiraba jadeante y las demás hadas la miraban con curiosidad al pasar frente a ellas. Llevaba la capucha cubriéndole el rostro, así nadie la descubriría. Correr por todo el reino era algo que siempre la llenaba de ánimo, y aunque tenía prohibido abandonar el palacio; ella conocía las calles como la palma de su mano.
Levanto el vuelo y luego comenzó a saltar de techo en techo, ¿las personas creerían que estaba loca? A ella no le importaba, una ventaja de que nadie supiese quien era. En medio de un salto, escucho a una persona gritar: "¡Detente!". Reous se detuvo y lentamente se giró, manteniendo su rostro oculto. Se trataba de un guardia del reino, el hombre advirtió que ella era una chica y se apresuró a disculparse. El mundo de las hadas era regido por el feminismo, un mundo donde los barones eran vistos únicamente como seres inferiores, por esa razón solo podía haber una reina y no un rey. Eso nunca le había agradado a Reous, detestaba que las hadas trataran a los barones como menos que basura. Era la primera cosa que ella deseaba cambiar una vez fuese reina, no iba a seguir permitiendo tal injusticia. Entonces se le ocurrió una idea, extrañamente alocada; bajo del tejado y se colocó frente al guardia, este bajó la mirada como dictaba el código de la guardia y se quedó inmóvil, tal vez esperando alguna reprimenda de la chica que tenía delante.
Reous lo miro detenidamente, era un hombre mayor que ella, aunque no demasiado. Tenía un cabello cobrizo y era un poco largo. La mayor parte de su rostro estaba cubierta por la oscuridad y llevaba el mismo uniforme rojo que llevaban todos los guardias.
Sin pensárselo dos veces, se acercó a él y lo besó en la mejilla. El guardia, sorprendido, levanto la mirada y pudo ver dentro de la capucha de Reous, quien le mostraba una cálida sonrisa.
—Su alteza...
Reous levanto el dedo índice hasta su boca, indicándole que guardara silencio y rápido se marchó volando.
—Dos semanas atrás—
Kayl se encontraba en el local de magia de Eloisa, o "Ellie" como prefería que la llamaran, una bruja que había conocido hace algunos años. Ella le ayudaba con su magia en casi cualquier cosa que el necesitara, a cambio de un pago justo.
—Desde hace un par de años, las personas comenzaron a desaparecer en esta ciudad.
—¿Ah sí? — Preguntó Kayl, sin interés.
—Si — Respondió Ellie — ¿Y sabes qué? La policía nunca ha hecho nada al respecto. Hubo un tiempo en que las personas intentaron hacer justicia por su propia mano, pero no tardaron en rendirse.
—¿Por qué me cuentas todo eso?
—Por qué estuve investigando, y descubrí algo muy interesante ¿No tienes curiosidad por saber qué es?
Ellie le lanzo una mirada presuntuosa.
—Vamos. Dilo de una vez.
—De acuerdo, aquí va —Dijo acercándose—El presidente de Grayhold sirve a Constantine.
Aquello atrajo por completo la atención de Kayl.
—Y no sólo eso, el gobierno entero está corrupto. Hicieron un pacto con la hermandad.
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El hada y el vampiro
VampireErase una vez; la historia de un cazador que se enamoró de su presa. (Su error) La presa no sentía miedo del cazador, y así mismo se enamoró de el. (El error de ella) Todo parecía ser perfecto, ya que mientras se tuvieran el uno al otro todo estaría...
