Es tan difícil tener que soltar algo que te hacía sentir bien, aunque aveces perjudicaba tu salud mental y emocional.Tener que dejar atrás un objeto o un pasatiempo que te divertía o te hacía ser el centro de atención. Ya que quieres seguir a Cristo correctamente y el Señor te ha mostrado o te ha hecho sentir que eso que hacías no era edificante, tal vez hasta te dio por entender con el tiempo que nada de eso era de su agrado y eso provocó un gran conflicto en ti. Pues amabas lo que hacías aún cuando eso implicaba pérdida del alma y destrucción espiritual.
Incluso el amarrarte a algo o a alguien que Dios no destino para ti es un gran tropiezo para ti, porque te distancia cada día más de Dios. Por consiguiente es tropiezo para personas que te ponían como ejemplo a seguir. Y todo esto proviene del mundo, de la carne y del diablo, lo que conlleva en ti si no lo dejas es cegara espiritual permanente y pérdida del alma. Lo que no es nada lindo. Y aveces cometemos el error de querer cambiar a alguien que no quiere cambiar y nos termina cambiando a nosotros por completo.
Pablo en Romanos capítulo 7 (versículos, del 14 al 21),nos cuenta una pelea entre su carne y su espíritu. Pues el espíritu quiere glorificar al Señor, pero la carne quiere obedecer a los deseos del pecado: «Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.
Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.»
Pablo nos muestra la lucha de cada día, la cual se ve manifestada a través de nuestras desiciones. Ya que la lucha incrementa según el poder que le des a cada cosa, si cumples los deseos de la carne, nunca llegarás como el Señor quiere a Él, pero, si te comunicas con Él y le haces caso a el espíritu, tendrás el derecho de ser llamado/a hijo/a de Dios y vivirás prudentemente.
Hay que detallar que no es fácil seguir a Cristo, pues la vida que nos ofrece el mundo es demasiado apetitosa, sin embargo, todo eso nos destruye. Los lujos, los premios, las riquezas, la vanagloria, la falsedad, la ropa demasiado ajustada o que enseña de más, el exceso de joyas, la mala palabrería, los chistes de doble sentido, el comer mucho por burla o ansiedad, el descuidarse físicamente y construir una mala salud, el poner nuestro cuerpo como objeto en uso, la homosexualidad, la bisexualidad, el tener relaciones sexuales antes del matrimonio, el abortar bebés porque no los queremos, el comprar cosas que no te hacen falta, el golpear para sentirte más hombre o más mujer, el operarte debido a que no te sientes a gusto como Dios te creo, la droga, el alcohol, el descuido en la calles por ir a alta velocidad, el cambio de imagen para agradarles a los demás; todo eso y mucho más procrea el mundo.
Pablo en Romanos 12:2 nos dice:«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.»
En pocas palabras Pablo dicta a que comprobemos que la voluntad de Dios es buena porque quiere que gocemos en la verdadera luz, agradable porque te da paz, paciencia y amor; perfecta porque nos hace saber que si tenemos valor, al igual que propósito y que somos hijos/as de Dios; así que sigamos a Dios como se debe hacer, obedeciendo su voluntad y demostrando cada día el reflejo de su gracia. Aprendamos por el Todopoderoso a rechazar todos los deseos que provienen del mundo. Seamos una verdadera Iglesia en Cristo. Transformemonos en hijos/as de Dios como debe de ser y soltemos todo lo que nos es tropiezo.
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HE CALLING ME
SpiritualEste libro se basa en el llamado de Dios hacia sus hijos y sus hijas. De cómo nos ve y qué espera de nosotros/as. Mostrándonos la realidad de la vida; Enseñándonos que algunas cosas por muy pequeñas que sean, pueden bendecir o dislocar nuestro camin...
