(6)El valor que Dios te otorgó.

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Hoy es un hermoso día en el que quizás esta lloviendo o haciendo sol. De cualquier manera hoy es un hermoso día. Y te quiero decir que eres precioso/a; la luz del Señor esta sobre ti cubriéndote y eso hace que brilles como el sol o la luna. Por lo que, te hace totalmente precioso/a.

Sabes... Dios te creó del polvo de la tierra y te dió una forma especial en el vientre de tu madre. Hizo cada parte de ti con sumo cuidado, como una reliquia de gran valor que solo la sangre de Cristo pudo y puede comprar. Te dio dones para que entendieras que podías bendecir a otros, que eras parte de un propósito.

A pesar de que te hizo con el mismo material, eres distinto/a. Te dió cualidades únicas que te destacan como obra preciada, delicada y a la misma vez fuerte. Y lo más genial es que eres único/a. Porque si venimos haber la vida sería totalmente aburrida y asfixiante, si todos fuéramos iguales. Por eso Dios nos hizo originales.

Nuestros gustos varían de acuerdo a nuestra crianza. Casi todos vemos la vida con otros ojos. Yo la veo como un laberinto:cada sección de ella me enseña algo nuevo.

Por otro lado, si andas jugando a la ruleta rusa y no sabes quién eres en verdad... Lo único que te puedo decir es:Ve a los brazos de Cristo, solo en Él hallarás tu verdadera identidad.

El único que puede transformarnos para bien es Dios. Y lo primordial que Él necesita para hacer eso es que nos pongamos confiadamente en sus manos.

Te encarezco que leas el Salmo 139 completo y medites en él. Lo que Dios hizo y hace por ti; pues nada que tenga que ver contigo le es encubierto, Él lo sabe todo y te quiere guiar en el camino del bien; Él te ama como no te imaginas. Lo único que Él te pide es que lo escuches, que tomes su mano y te dejes guiar por el sonido de su dulce y poderosa voz; Él te quiere mostrar algo que tú no conoces. Confía en Él, no temas, ni te intimides; Él no es el enemigo.

Oración ilustre:
«Padre Santo, hazme saber mi valor y mi belleza en ti. Transforma lo que soy; tengo hambre y sed de ti. No dejes que me marchite como una flor, derrama sobre mí la luz de tu amor. Me entrego por completo a ti.

Muéstrame lo que quieres que vea y hazme caminar en tu justicia.

Tú me distes dones y hay momentos en los que no los aprecio, ni siquiera sé qué hacer con ellos. ¿Qué quieres de mí Señor? Dime. Te necesito mucho más de lo que deseo. Anhelo que me cubras y me susurres: "Todo va a estar bien."

Me pongo en tus manos Dios, has de mí lo que quieres hacer. Que se haga tu voluntad. Te amo. Amén.»

¡Dios les bendiga!
Att.Y.E.M.C.

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