Los colores
La mañana de ese sábado olía diferente, afuera lloviznaba y el interior del apartamento era frío pero en mi había una pequeña llama que comenzaba a nacer. Cuando mis pies hicieron contacto con el suelo un leve escalofrío recorrió todo mi cuerpo, el reloj indicaba que era muy temprano para estar despierta pero yo no sentía ganas de seguir durmiendo, tenía ideas amontonadas en la cabeza y un leve nerviosismo que estaba intentando ignorar, casi en automático me dirigí al baño, me cepille los dientes y lave mi rostro para salir del trance en el que me encontraba.
Preparé el café y le serví comida a Dalí, me tomé la primera taza de café en silencio intentando ordenar las ideas, encendí un cigarrillo y me dirigí a la ventana con la segunda taza de café, el paisaje de cemento que se observaba desde allí se veía lento y gris, una ciudad dormida. Me dirigí a la computadora y allí pasé un buen rato escribiendo unos cuantos poemas, era algo que siempre había querido publicar pero hasta ahora nunca me había atrevido.
"No siento el paso del tiempo ni los dedos de los pies, la llama del alma se extinguió lunas atrás.
El frío que ha inundado mi interior no me deja respirar tranquila.
Todo se vuelve un espejismo ante mis ojos y el tiempo se escurre como arena entre mis dedos.
Todo es efímero, una simple estación que pronto acabará y se llevará con ella los restos de este amor marchitado."
Sonreí con este ultimo, sentía como con cada palabra el peso desaparecía casi por completo, di un sorbo a mi taza de café para devolverlo a la taza casi de inmediato, como odiaba el café frío. El teléfono sonaba en la distancia y yo me apresure a tomarlo, contesté y su rasposa pero dulce voz hizo que una sonrisa se instalara en mi rostro como siempre que ella se hacía presente.-Buenos días Jul, espero no haberte despertado pero hoy me desperté con ganas de ir a un lugar con más verde y como nos debemos una cita esperaba que tuvieras ganas de irte de aventura- su voz era una melodía a la comenzaba a acostumbrarme.
-Buenos días a ti también Lu, acepto irme de aventura contigo y no me has despertado, llevo rato dando vueltas en el apartamento-
-Perfecto, paso por ti y por Dalí en una hora, está algo lejos y deberíamos salir temprano para llegar a buena hora, tu solo preocupate por llevar zapatos, ropa cómoda y un sueter, besos- y sin más colgó dejándome con una sonrisa enorme y un cosquilleo en el estómago.
Luego de bañarme, hice un pequeño bolso con lo necesario, comí algo ligero y me senté en el sofá a esperar, mi mente estaba trabajando más rápido de lo normal y podía jurar que las manecillas del reloj iban en sentido contrario, la espera nunca fue tan desesperante, como si adivinara mis pensamientos el teléfono sonó y un mensaje de ella fue suficiente para que Dalí y yo salieramos a toda prisa del apartamento.
Cuando nos encontramos fuera del edificio solo pude musitar un hola mientras Dalí se le lanzó encima para recibir cariño y lo envidie un poco por no conocer el sentimiento de vergüenza.
-Hola, cosita, yo también te extrañe, como estás Jul, espero no haberte hecho esperar mucho- su sonrisa radiante mientras intentaba esquivar la lengua del cachorro hizo que el cosquilleo en mi estomago subiera hasta mi garganta y me quedara ahí viendola con una sonrisa tonta en la cara -iremos a un sitio muy lindo, creo que te encantará- continuó al ver que yo no respondí a su pregunta.
-No espere mucho Lu, no te preocupes, no sabía que tenías carro- aunque aquello parecía más un jeep -es muy lindo, aunque nunca aprendí a manejar- dije comenzando a divagar a causa de mi nerviosismo.
Ella lo notó y su sonrisa se hizo más grande causando que me ruborizara aunque no hacía calor -casi no la uso, prefiero caminar o usar transporte público, si quieres puedo enseñarte a manejar- cuando termino la frase estaba frente a mi y con una sonrisa casi imperceptible cerro la distancia entre nosotras dejando un beso en mi mejilla, solté un suspiro y mi manos comenzaron a sudar -a ti también te extrañe, te parece si partimos?- dijo tan bajito que casi no la escuché y tomó mi mano conduciendome a la puerta de copiloto.
-Te extrañé- fue lo único que dije antes de atraerla hacía mi y dejar que el impulso de besarla me ganara, fue un beso rápido y torpe, nuestras narices chocaron y ella dejó escapar una risita. Subí al asiento de copiloto con la cara en llamas, Dalí tomo posesión del asiento de atrás y ella luego de guardar la pequeña maleta subió en el asiento del conductor y arrancamos hacía un destino todavía desconocido para mi.
El viaje fue bastante divertido y descubrí que su gusto por la música era bastante parecido al mío y que cantaba las canciones bajito mientras llevaba el ritmo con su dedo indice en el volante, volteaba a verme cada tanto cuando yo desviaba mi vista al paisaje rural que nos rodeaba.
-Casi llegamos, necesito que cubras tus ojos solo un mometo- dijo de una manera suave pero firme luego de bajar el volumen del reproductor donde sonaba una canción de Oasis, yo sólo reí y cubri mi rostro con mis manos.
Veinte minutos después sentí como la Jeep se estacionaba y ella bajaba para abrirme la puerta y ayudarme a bajar -abrelos- susurro en mi oído y sentí de nuevo ese cosquilleo en la garganta.Estábamos frente a un campo de girasoles que se perdía en la distancia, Luz tomó mi mano y beso mi mejilla -es uno de mis lugares favoritos en el mundo, podemos incluso dar un paseo en avioneta sobre el campo y hay una linda posada donde podemos quedarnos, te gusta?- lo soltó todo de un tirón y parecía bastante nerviosa a causa de mi silencio.
Sonreí y la miré directamente a los ojos -Me encanta, son preciosos y los girasoles también- y es que cuando estaba ella los colores brillaban más.
Nota:
La vida es una locura en especial la mía, escribir en el teléfono apesta y no tener nada que escribir también, no hay excusa soy una irresponsable, si me leen no saben lo mucho que aprecio que lo hagan a pesar de ser un desastre con patas. Que tengan buena noche, tarde o día, se les quiere mucho desde este llano donde vivo.
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Café frío.
RomanceJulia, una escritora que comienza a ser reconocida, luego de una terrible depresión conoce a Luz, la dueña de un pequeño café que poco a poco le devolverá la calidez a sus ojos.