Capítulo 7

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LAYLA:

Shin aleteaba en mi hombro, mostrando felicidad.

-Te gusta estar aquí, ¿verdad?-dije mientras le acariciaba la cabeza-. Quizá algún día podría sentirme igual.

Me apoyé contra el borde del barco y miré al cielo. Estaba tan azul... Y otras aves volaban por él, completamente libres.

-Me gustaria volar.

Al bajar la mirada de nuevo, vi como uno de los tripulantes caminaba hacia mi. Suspiré, bueno, estaba bajo la "protección" de Antar. Sin embargo, ese hombre seguía acercándose sin intenciones de parar. Miré a todos lados, pero no podía ver a Antar, y supongo que él a mí tampoco. Tragué saliva y busqué las espadas en mi cinturón. No estaban. Las había dejado en el camarote. Y tampoco tenía un cuchillo. El hombre llegó frente a mi y sonrió.

-Seguro que Antar no te da lo que quieres -dijo con unos ojos llenos de lujuria.

Retrocedí hasta dar contra el borde del barco.

-El capitán te hara pagar.

-Lo dudo... Ahora no nos ve...

Puso una mano en el borde, y la otra en mi cintura. Gruñí y le pegué una patada, obligándole a retroceder.

-No me toques -dije enfadada.

Él se incorporó del golpe y se volvió a acercar. Entonces, sin poder evitarlo, recibí un golpe en la cara, me tropecé y caí hacia atras. Colgando al borde del barco, miré al hombre.

-¡Haz algo!

Él sonrió y se acercó.

-Claro...

Puso sus manos sobre las mias, y las separo del barco, para luego soltarme. Caí al agua con rapidez. El impacto me hizo daño en la espalda, pero no era lo peor. Había oleaje, y me costaba mantenerme fuera para poder respirar.

-¡Antar!-grité antes de ser arrastrada por una ola.

Salí a la superficie sin aire, respirando casi de milagro.

-¡ANTAR, AYÚDAME!

Otra ola me arrastró, mientras el barco se iba alejando. Intenté nadar, pero no avanzaba por la corriente. Tragué agua, y volví a hundirme, sin poder hacer nada.

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ANTAR:

Estaba frente al timón, el sol comenzaba a bajar en el horizonte, a nuestra espalda. Todo tranquilo, se escuchó un chapoteo a estribor, nada nuevo, pero me llamó la atención un chillido en el cielo. Era el halcón de Layla, daba vueltas en el aire, chillando y bajando de vez en cuando al mar, pero lo más extraño era que Layla no estaba con él, ni a la vista. Fue entonces cuando comprendí la situación.

No me dio tiempo de hacer nada, tomé una cuerda atada a un cañón, la até a mi cintura y salté al agua. Apenas veía a Layla, ella se sumergía una y otra vez, intentando nadar para alcanzar el barco. Nadé a todo lo que daban mis brazos y piernas, nunca lo había pensado pero, mi mano hacía falta y era necesaria para nadar.

-¡Layla! ¡Toma aire y quedate quieta! -las ropas debían de estar arrastrándola hacia abajo, y la corriente la arrojaba lejos, pero al fin logré alcanzarla. Llegué a su lado y ella se agarró a mi, jadeaba y había tragado algo de agua, pero estaba bien-. Agarrate fuerte y sostén la respiración- le dije y cuando ella asintió, comencé a nadar hacia el barco.

El oleaje era fuerte por la hora, y el agua era fría, además de que las corrientes producidas por el barco nos dificultaban acercarnos y nos empujaban en otras direcciones.

Piratas ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora