En aquel bello jardín lleno de margaritas, una rosa solitaria capta mi atención, ¿por que una rosa tan magnífica se encuentra junto a simples margaritas? opacando a las demás flores con su belleza. Me apresuro a tomarla... pero al hacerlo, todo mi mundo da vueltas.
Nada volvió a ser igual desde ese entonces, tomar y apreciar esa rosa pudo haber sido el peor error que jamás he cometido, pero su belleza me cautivo y era demasiado tarde para ese entonces.
miedo, dolor, tristeza y angustia
No recuerdo cuándo fue que mis miedos se convirtieron en espinas, queriendo lastimarme por cada vez que mi mente se despeja para tomar un descanso. Incluso, aun cuando mi mente está ocupada logran atormentarme.
No recuerdo el momento en el que tuve tanto miedo de mi misma, de las flores, de las espinas, de las rosas. El solo hecho de ver un jardín me exaspera e incomoda, quiero huir de ahí lo antes posible, pero la misma rosa se encuentra allí encadenandome a sus espinas.
Solo pasó, de un momento a otro todo se me fue de las manos, las espinas duelen y cada vez se incrustan más sobre mis manos. Sangre brota de ellas dando a entender que es momento de extraerlas, pero no puedo, simplemente estoy aferrada a sus espinas y me es imposible dejarlas.
Estoy tan acostumbrada al dolor provocado por mis miedos, las dichosas espinas, que ya me acostumbre a sentirlo, logro tolerarlo pero cada vez se incrusta más. ¿Como puedo detenerlo?, ¿por que no puedo detenerlo?
Día a día, transito por el mismo jardin encontrandome con la única rosa entre tantas margaritas. Es que las margaritas son tan comunes, tan básicas. Esa rosa es mi maldición, pero no puedo limitarme a verla. Sus pétalos se tiñen de un rojo con gran pigmentación, me fascina admirar su belleza por horas y horas. Pero luego llegan las espinas y me distraen, me hieren.
¿Por qué las rosas tienen espinas?, siendo una flor tan hermosa y unica, ¿por que su tallo tiene espinas?, la consecuencia de agarrar aquella rosa fueron sus espinas, ahora estoy sangrando y no se detiene.
Ya no observo la rosa, ahora sus espinas son las que captan mi atención, se clavan con tan intensidad que junto con ellas también se incrusta el miedo y el pánico de no poderlas sacar.
De noche, cuando toca curar mis heridas, prometo a mi misma pasar por otro camino, en donde no haya jardines con rosas. Pero mis pies se mueven inconscientemente y día a día recurro al mismo jardín para admirar la exuberante rosa y ser lastimada por sus espinas.
Se que me lastima, se las consecuencias, inconscientemente lo se. Pero cada vez que veo esa rosa mis ojos brillan, como si fuera la primera vez que capta mi atención.
Quiero sacar la rosa de raíz, cortar su tallo y salvar a la rosa de esas espinas. Pero si lo hago, la rosa morirá y se marchitara de la noche a la mañana. Porque la rosa no es una rosa, sin sus espinas.
Yo no soy yo sin mis espinas, y si las extraigo me marchitaré. Y si las dejo en mi tallo, seguire lastimandome.
Es un jardín sin salida, repleto de espinas y de heridas sin cerrar.
De noche intento sanarlas pero todas las mañanas, al pasar por ese jardín, mis heridas se abren y se profundizan haciendo un sin fin de ellas. Volviendolas permanentes, tatuandolas en mi piel. Ni la lluvia de diciembre podrá borrar estas marcas que me atormentan, ni el otoño lograra que las espinas de esa rosa dejen de lastimarme.
Todo el año es primavera, la rosa sigue intacta y parece recobrar fuerza con cada vez que mis manos caen ante ella.
Mi dolor la reconforta, y su belleza me cautiva, pero sus espinas me lastiman.
-Una simple flor.
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Just another blog - candybeer
RandomLo siento... esta no es una historia, es un blog más. Espero pasen un buen rato leyendo sobre mis miedos, tristezas y fracasos.
