23.
Lidiando con dos borrachos.
Suena mi teléfono y abro los ojos inmediatamente, ya sabiendo lo que me espera tomo mi celular y consulto la hora.
Las tres de la mañana.
Esto no es vida.
-¿Si? – conteste el teléfono.
-Brooks… –dijo una voz conocida, el barman, eso solo significa una cosa.
Maldita sea, otra vez.
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Al entrar a dicho local me encontré a un Cameron coqueteándole a una botella de cerveza y a un Nash tirado en el piso cantando como si la vida se le fuera en ello.
-¡Todos somos cacahuates, si! ¡Cacahuate, cacahuate, si!
-Hola preciosa, tu, yo, mi casa… ¿qué dices?
Me pegue fuertemente con mi mano en la frente, desde la primera vez que Nash llevo a Cameron a este lugar los dos se habían vuelto peor de lo que imaginaba.
Ya no me importaba que Nash se la pasara todos los fines de semana borracho, lo que me importaba eran las ojeras del otro día. Últimamente Nash y yo nos hemos vuelto muy buenos amigos, claro… aún tengo sentimientos de por medio, quizás el también, pero trabajamos en eso.
Salude al barman y los arrastre a ambos hasta el auto de mi abuela el cual me había dado ya hace dos semanas, ¿tengo licencia? No, todavía no. Pero solo faltan cinco días para mi cumpleaños y conseguirla así que es lo de menos.
Tirándole de las orejas subieron, Nash no paraba de cantar dicha canción y Cam no dejaba de hablarle a la botella de cerveza ya vacía.
-¡Cállense y díganme cual es la necesidad de ir a ese bar!
-¡Porque somos parte de los teletubies! – respondió Cam – ¿Por qué hay muchas Brooks? – dijo señalando a mi izquierda y a mi derecha.
Le di un zape en la frente – Porque estas borracho estúpido.
Luego vi a Nash tocándome el pelo.
Fruncí el ceño – ¿Qué haces?
-¿Nunca te han dicho que tienes el pelo como un unicornio? Colorido y suave – dijo Nash alargando más de lo que debería la ‘e’.
Baje a Cameron y mire a Nash, ellos viven en el mismo departamento pero ya que soy una chica solo puedo con el peso de uno. – No te muevas, ya vengo por ti.
