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–¡Me encanta! –exclamó Alexis con los ojos cerrados, saboreando el helado de chocolate con menta.

–Ya me lo imaginaba –rió él–. Por eso lo he hecho traer hasta aquí desde San Antonio.

Ella abrió los ojos, atónita. Estaban en el restaurante de su hotel en Londres. ¿Cómo podía…?

–¿Has traído el helado desde San Antonio? –exclamó–. No me lo puedo creer. Pero si yo no habría notado la diferencia aunque fuese de la calle…

–Pero yo sí lo habría notado –sonrió Zayn–. Además, prometí comprarte ese helado y aquí esta –la ternura que había en sus ojos ámbar le robó el aliento–. Y a menos que haya una buena razón yo siempre cumplo mis promesas, cariño.

–¿Siempre? –le preguntó ella, sabiendo que se refería a algo más importante que el helado.

Él asintió con la cabeza mientras se levantaba de la silla.

–Ven conmigo.

–¿Dónde vamos? –le preguntó Alexis mientras salían del restaurante.

–A un sitio un poco más privado –contestó Zayn, tomándola por la cintura. Atravesaron el vestíbulo del hotel y pronto llegaron a la puerta del patio que le había enseñado el día anterior–. Cierra los ojos.

–Estás siendo muy misterioso.

–Es otra sorpresa –rió él–. Venga, cierra los ojos.

Cuando Alexis hizo lo que le pedía, Zayn abrió las puertas del patio y la guío hasta el interior. Pero incluso con los ojos cerrados se daba cuenta de que estaban completamente a oscuras.

–¿Zayn?

–Ya puedes mirar, cariño –dijo él, después de pulsar un interruptor.

Alexis abrió los ojos y… se quedó extasiada al ver cientos de diminutas luces enredadas entre las plantas. Incluso la fuente estaba adornaba con ellas, haciendo que las gotas de agua parecieran una pequeña cascada de diamantes.

–Es precioso –murmuró–. ¿Cómo has hecho todo esto en tan poco tiempo?

–Uno puede conseguir todo lo que quiera si está dispuesto a pagar el precio adecuado –Zayn la tomó del brazo para bajar los escalones y llevarla a una mesa cubierta por un inmaculado mantel de lino blanco–. He pensado que te gustaría ver cómo quedaría el patio para esas reuniones íntimas de las que hablábamos ayer.

–Es perfecto –murmuró Alexis, dejándose caer sobre una silla–. Parece algo así como lo que debió ver Cenicienta cuando llegó al baile.

–Me alegro mucho de que te guste –sonrió él, sentándose a su lado.

Mientras admiraba la elegancia del patio la intuición de Alexis le dijo que había algo más, que estaban allí por algo. No sólo porque quisiera su aprobación.

–Zayn, ¿Qué ocurre? ¿Por qué me has traído aquí?

Su sonrisa la hizo sentir un cosquilleo en el estómago.

–Alexis, ¿me quieres?

Ella lo miró, sorprendida.

–Pensé que habíamos acordado no…

–Contéstame a la pregunta, cariño.

El tiempo pareció detenerse mientras lo miraba a los ojos. Podría decirle que no, pero los dos sabían que era mentira.

–Sí –contestó por fin, sorprendida de lo firme que sonaba su voz considerando que su cuerpo había empezado a temblar de manera incontrolable.

–Entonces, ¿me harías el honor de ser mi esposa? –le preguntó Zayn entonces, sacando del bolsillo el anillo que había comprado en San Antonio y que Alexis creía desaparecido.

–Pero habíamos acordado que no insistirías en la boda…

–No insisto en que nos casemos, cariño. Insisto en que te cases conmigo.

Alexis quería decir que sí con todo su corazón porque nada le gustaría más que ser su esposa y vivir con él para siempre pero, aunque Zayn le había preguntado si lo amaba, no había admitido sentir nada por ella.

–¿Me quieres, Zayn? –le preguntó entonces.

Sus ojos se encontraron durante lo que le pareció una eternidad.

–Quiero que sepas que me importas mucho.

–No te he preguntado eso. Quiero saber si estás enamorado de mí.

–Nos llevamos muy bien –dijo Zayn, tomando su cara entre las manos–. Podemos ser muy felices juntos.

–¿De verdad? –los ojos de Alexis se habían llenado de lágrimas–. ¿Tú crees?

–Lo sé, cariño. Me gusta estar contigo, ayudarte, cuidar de ti, comprarte cosas que te gustan…

–¿Eso es lo que crees que quiero de ti? –lo interrumpió ella, con el corazón encogido–. ¿Cosas materiales?

–No, no… pero te prometo que nunca te faltara nada.

–No lo entiendes –suspiró ella, negando con la cabeza–. Sólo quiero una cosa de ti y tú no puedes o no quieres dármela.

–¿Qué es? –pregunto Zayn. Pero los dos sabían lo que quería y los dos sabían que no iba a dárselo.

–Lo único que siempre he querido, tu amor.

Él se levantó, nervioso.

–Tienes que entender que…

–No, por favor –lo interrumpió Alexis. No quería oírlo decir que no la amaba.

–Todo saldrá bien y te doy mi palabra de que nunca haré nada que no sea pensando en tu interés y en el interés de los niños. Te juro que nunca más te haré daño.

–Es demasiado tarde para eso, Zayn –suspiró ella, mientras su corazón se rompía en mil pedazos–. Acabas de hacerlo.

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¡Holaaaaa! *inserta voz de Harry Daniel* Aquí en nuevo capítulo y último ☹☹☹☹☹ pero bueno... Pobre Alexis. Iré a golpear a Zayn por cabezota. 

Gracias a todas las chicas que votan y comentan. Me gustaría que comentaran en este capítulo y quisiera saber si alguna quiere dedicación, en fin es todo por hoy. Tal vez el viernes suba el final y la próxima semana el epilogo todo dependerá de sus votos.

P.D en multimedia les dejo la imagen del anillo y Alexis diciéndole a Zayn que ya era tarde... :*

Malik's Babies |z.m a.u|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora