Capítulo 16:

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Mi cuerpo completo tembló al sentir como los dedos de Nicholas tiraban con suavidad los breteles de mi bracear, haciendo que este fuese cayendo por mis brazos. Incrementé la velocidad en el eufórico beso y tironeé de los escasos bucles que comenzaban a crecer una vez más en su nuca. Los labios de Nicholas, moviéndose con inquietud sobre los míos y su miembro bucal recorriendo toda mi boca, me demostraban el éxtasis en el que Nicholas comenzaba a entrar, mientras que yo presentía que pronto una arritmia interminable atacaría mi corazón.

La blanca y tersa piel de su pecho, chocaba con el mío desnudo, haciéndome sentir la mujer más suertuda del planeta.

Supe que se alejaría cuando comenzó a distribuir fugases besos sobre mis labios y fue obvio cuando sus manos se posaron sobre mis brazos.

Abrí los ojos y me encontré con los suyos más brillantes que nunca. Sonrió y alejó mi torso de él con un solo objetivo: Besar mi pecho.

Inició un recorrido desde mi cuello, pasando por mi clavícula y rozando su lengua en cada contacto que sus labios hacían con mi piel. Finalmente, llegó a la loma de mis pechos, zona donde sus besos se intensificaron, al igual que mi respiración.

Con ambas manos en mi espalda, sujetaba mi cuerpo inclinado hacia atrás. De esa manera obtenía todo el espacio que le fuese posible.

Fue inútil retener un gemido cuando sus labios se hincaron sobre mi piel sin piedad y mis uñas se clavaron en sus omóplatos.

El sonido de los latidos de mi corazón, parecieron haberse escuchado por toda la sala en el momento en que sus labios habían capturado la parte más sensible de aquella zona y sus manos complementaban los besos con caricias sobre mis muslos y glúteos.

El placer me estaba consumiendo y todo mi cuerpo parecía estar adormecido y rendido antes los mimos que me brindaba con tanta pasión.

Con lo poco que mis manos podían reaccionar, temblando, llegaron hasta el cinturón de Nick y producto a la desesperación, actuaron con torpeza.

Los besos de Nicholas no cesaban, ni disminuían la velocidad, por lo que me fue una ardua labor retirar el cinturón y a la vez desabrochar el pantalón. Razón la cual me estaba haciendo sentir lenta y frustrada de por medio.

Como pude, me separé de él y me senté en la suave alfombra. El hecho de sentir su constante mirada sobre mi cuerpo semidesnudo, comenzaba a incomodarme, más no me impidió concretar mi meta. Con ambas manos tomé el inicio de su pantalón de tela gris y con fuerza tiré de él, dejando su cuerpo en las mismas circunstancias en lasque el mío se encontraba. Él mismo terminó por quitarlo y antes de que él me acomodara una vez más sobre su falda, me recosté sobre la suave alfombra blanca. Con una sonrisa traviesa, tiré de su brazo para así poder tenerlo sobre mí y volver a la locura una vez más.

Separó mis piernas con cuidado para acomodarse entre ellas y hacer que estas rodearan su cintura, formando una firme llave… de la cual, no estaría libre por un buen tiempo.

Me sentía mimada, protegida… amada. No había nada más hermoso y perfecto que entregarle todo lo que sentía, aceptando cada sentimiento que florecía en mi pecho. Esto era… lo que toda chica deseaba en la vida. Poder estar segura de sus actos, poder estar segura de que la otra persona te amaba tanto, como para nunca dejarte ir. Sabía que el aire estaba cálido por la chimenea encendida, pero cierto porcentaje era producto al calor que nuestros cuerpos emanaban y todo esto… solo elaboraba una fina capa de sudor sobre nuestra piel. Sus labios volvían a capturar los míos, tirando de mi inferior con sensualidad y lujuria, haciéndome perder la cordura en cada momento y a la vez, rogando por más. Nuestras respiraciones podían ser escuchadas por toda la casa y fue aún peor cuando comenzó a ejercer delicados movimientos sobre mí. Me aferré a su espalda y me separé de sus labios para abrir mis ojos y admirar su rostro. Sus labios rojos, hinchados y brillantes se encontraban entreabiertos, de los cuales se escapaban sutiles gemidos y sus facciones demostraban inocencia, las cuales me colmaban de ternura a la vez. Sonreí y acaricié su suave mejilla, a lo que enseguida reaccionó y clavó sus ojos marrones en los míos. Sonrió de costado y suspiró para luego comenzar a repartir besos por todo mi rostro con un implacable cariño. —Qué lindo eres —Pensé en voz alta, mientras disfrutaba de sus mimos.

In Another Life IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora