Capítulo 5:

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Se quedó tan inmóvil como yo y mientras eso durara sería perfecto, mas tenía que hablar, no podía quedarme callada cuando él esperaba algún tipo de respuesta, de señal.

—No tienes porqué disculparte —Susurré con la mirada ida hacia el frente, perdida entre en el cielo azul, cual lo cubrían una pequeña porción de nubes.

—Claro que sí, yo soy… —Sonó desesperado.

—No —Lo interrumpí, tenía que escucharme— Nick… no tienes idea —Levanté mi cabeza de su hombro y miré su delicado perfil. Ni siquiera se atrevía a mirarme.

— ¿A qué te refieres? —Noté como tragaba saliva, nervioso.

—Nick… Mírame —Tomé su mentón delicadamente e hice que nuestros ojos se encontraran. Inhalé y exhalé disimuladamente— también quería besarte —Ya no susurré, si lo hacía creería que estaba insegura.

Noté como sus ojos se abrieron sorprendidos, más no se movió y se quedó en la misma posición, contemplándome con sumo detalle y si no era eso, podía pasar por un estado de shock o algo así.

—No… —Sonrió apenado y negó levemente con la cabeza— ¿Vez? ¿Te estás confundiendo? Perdón —Cerró los ojos y agachó el rostro, desilusionado de sí mismo.

— ¡Nicholas! —Grité en un susurro ahogado. Su vista se fijó enseguida en la mía— trato de decirte algo importante… —Sonreí— quería ese beso, lo ansiaba. Si te hubieras quedado un par de segundos más cerca de mí… hubiera sido yo quien hubiese concluido el beso —Y luego de eso… silencio absoluto ¡Donde estaba el viento y los pájaros en este momento!

Sentí como mis mejillas se tornaron del color de un tomate al darme cuenta de que por más que quisiera, no podía quitar mis ojos de su imagen. Me tenía atrapada en un sin fin de emociones y sensaciones.

—Pero Jess… pensé… pensé… —Tartamudeó dejando el estado de petrificación en el que había quedado— pensé que no estabas preparada… ni siquiera interesada —Enarcó una ceja— no… no entiendo.

—Ni yo —Lo miré desesperada— no tengo idea de lo que me está sucediendo… me siento extraña al necesitarte a mi lado… comienzo a extrañarte, Nick —Musité con el miedo incrustado en la voz.

— ¿Extrañarme? ¿A qué te refieres? —Se acomodó y me miró con atención.

Que estupidez más grande había dicho… ¿A extrañarlo? Ni yo entendía mis metáforas.

—Nada… —Dije nerviosa— Lo admito… estoy nerviosa… simplemente digo lo primero que se me venga a la cabeza, perdón —Mi lengua se enredaba en mi boca tratando de decir todo con suma velocidad. Agaché la vista y volví a mi posición anterior.

Lo escuché carcajear distraído. Me sentía inútil, no era nada expertas en estas cosas, la última vez que traté de declararme… los resultados fueron fatales.

Lo sentí levantarse y pronto lo vi frente a mis ojos, arrodillado y con sus manos en mis brazos.

—No quiero sonar desesperado —Sonrió de costado— solo… quisiera preguntarte algo.

—Dime —En una de esas había notado lo nerviosa y ansiosa que me ponía el tema y lo dejaba de lado fácilmente. — ¿Podría besarte? —Sus facciones alegres desaparecieron y se suplantaron por unas serias, pero relajadas. Mi corazón se aceleró con tan solo escuchar su pregunta ¿Desde cuándo se preguntaba ese tipo de cosas? Ni idea, pero lo encontraba caballero, dulce y completamente tierno. No respondí, ni siquiera un gesto hice. Lo quería en verdad, mis labios rogaban sentir los suyos, entregándoles ese dulce sabor, pero mi mente decía que no, no podía hacerle algo así a Joe. ¿Y mi corazón? ¿Dónde estaba? Posiblemente tratando de decidir a quién hacerle caso… al cuerpo o a la mente. —Perdón —Susurró y noté que se alejaría. Era momento de decidir por mí misma. —No… —Musité angustiada tomando de su brazo— pero tienes que saber… que no tengo idea de cómo serán las cosas luego —Cerré mis ojos. Y ahí está una vez más, el silencio. Podía escuchar mi respiración y la suya. Mi cuerpo se estremeció por completo al sentir sus cálidas manos tomando mi rostro con delicadeza y a la vez, sus dedos aprovecharon de acariciar la piel de mis mejillas. Mi corazón de a poco comenzaba a dar saltos, mientras que yo luchaba para no caer en sus brazos cuando sentía que me arrastraba hasta sus labios.

Ya estaba cerca, su respiración apaciguada refrescaba mi cuerpo y su aliento dulzón se materializaba de a poco en mi boca, imaginando lo perfecto que sería. Sus labios secos rozaron los míos lentamente, pero no a propósito, sino la misma lentitud nos llevaba a esa eterna y masoquista espera. Y finalmente… sus labios chocaron con los míos, dando inicio a un beso calmo, tranquilo. ¿Cómo era posible que fuese tan delicado? Guiaba el beso con sus manos sujetando mi rostro con sumo cuidado, tratando de mantener el perfecto ritmo. Ladeó su rostro y entreabrí mis labios, esperando a que se atreviera a ir más, más la punta de su lengua rozó mis labios y volvió a lo anterior, más con la intención de alejarse. Finalizó con pausados besos y se alejó lentamente. Al abrir mis ojos me encontré con los suyos cerrados y sus labios entreabiertos y brillantes… su respiración se encontraba levemente agitada y trataba de recuperar el aire perdido. ¿Cómo podía ser tan hermoso? Mordí mi labio inferior y cerré los ojos nuevamente.

In Another Life IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora