Capítulo 18

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Existen un sitio en el corazón que no importa la distancia, o el tiempo o la persona, es un sitio que ante las diferentes circunstancias puede destrozar hasta a la ser más fuerte y valiente...

El viaje no podía ser más crítico, más duro ni más lleno de dificultades.

Lo gracioso es que el clima era perfecto y los vientos muy favorables, sin embargo las personas que volaban sobre los dragones eran los que no podían sentir la brisa con la misma tranquilidad con que antes habían hecho.

Hiccup sabía que este podía ser uno de los posibles resultados a todos sus intentos por convencer a la pelirroja de permanecer en Berk.

Desde que Drago Mano dura asesinó a su padre el estaba consciente que no siempre puedes hacer cambiar de opinión a otra persona respecto a sus decisiones, pero en serio que había puesto tanto de su corazón en convencerla de no regresar a Dunbroch.

Él era el Jefe de Berk, podría ofrecerle un lugar a salvo y lleno de la libertad que tanto anhelaba, pero ella ...algo le decía que había algo más que un compromiso de palabra que la hacía cumplir con aquel plazo para regresar, ese algo más podía ser un chico.

No, no podía, ella era demasiado para cualquier hombre que aspirará a cortejarla, es decir el había visto a mucha mujeres hermosas y también valientes, vaya, vivía rodeado de vikingos, pero Mér, ella era como esa gema que entre varias podría perderse para un ojo torpe, pero a la vista se un conocerdor era una verdadera joya que sería ofensivo comparar con otras semejantes.

Estaba mal que lo pensara sobretodo siendo un hombre comprometido ¿Cierto? Un hombre que estaba con la mujer con la que había aspirado a estar desde que tenía 12 años, era tan joven y habían pasado tantas cosas desde aquéllos días en que cazar dragones y ser el más fuerte era lo único que importaba en la vida de un vikingo.

Aunque el castaño no quisiera, ya se había dado cuenta que su apreció se había vuelto algo obsesivo, y quería pensar que solo era un tipo que cariño fraternal por qué eso era lo único que podía brindarle.

Astrid, entre sus costumbres no tenía permanecer pegada a Hiccup, si no era para apoyarlo o cuidarlo de si mismo, quería pensar que sin importar que tan cercanos fueran ella no lo ahogaría con su presencia a todos los sitios donde él fuera, bueno, para ser honesta nuca había sentido que tenía por qué temer. Pero el punto es ¿y qué hay de su prometido? ¿No estaba todo el tiempo con ella por qué tampoco quería ahogarla con su protección o simplemente no sentía los deseos que un hombre comprometido debía sentir de estar con su novia?

Faltaba poco para que acabará el viaje descansaron en una especie de isla poco fértil y cada uno recargo si cuerpo en los de los drsgones

"Alterado fue el destino..."
"No puedes estar todo el tiempo protegiendo algo que no desea estar lejos del peligro"
"Un monstruo"
"Un dragón"
"Méridaaaaa!"

Un sueño extraño despertó a la rubia que ya no sabía que debía hacer, pie nunca soñaba nada, literalmente, para alguien que tiene una visa llena de cosas extraordinarias, su sueño era simple y blanco, pero ahora escuchaba cosas, desde la llegada de esa chica a su vida, soñaba con cosas que le parecían escabrosas...

Esa pesadilla acabaría pronto para los tres, en cuanto estuvieran lejos sus vidas tomarían el rumbo que debían haber tomado ¿Cierto?

Había sido un viaje relativamente corto e inexplicablemente silencioso para hacer sido hecho por tres jóvenes a sanos durante tres días.

- Marcail, voy a extrañarte.- dijo Mérida abrazando al dragón albino que parecía no entender de qué iba su despedida.- Astrid, Hipo, yo sé que no hay modo de pagar todo lo que han hecho por mí pero deseo de todo corazón que haya buenas cosas en su destino.

- Nosotros también.- respondió Astrid abrazandole, pensado que en otras circunstancias habrían sido muy buenas amigas.- Quiero que sepas en Berk siempre tendrás amigos y que cuidaremos de Marcail con el mismo esmero que tú lo hacías.

Hiccup se quedaba allí, estático, no podía, mejor dicho, no sabía que decir, había despedidas inevitables, cosas que aunque no quisiera debía suceder de este modo, pero esa no podía ser una ¿Por qué tenían que dejarla allí?

El insistió en acompañarla a menos por su caballo pero orgullosa y consciente de la incomodidad que le provocaba a Astrid insistió en que se fueran confiando en que ella estaría bien.

- Fue un gusto haberte conocido Mer.

- Pienso igual Hiccup.

Y tan insulsa como podía sonar esa despedida los tres tomaron sus respectivos caminos llevando el corazón con sabor a llanto que no era capaz de reflejarse en sus ojos solo por que debían ser fuertes para no correr a buscarse mutuamente.




Destino y LibertadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora