[En este one-shot no hubo guerra ni Voldemort, Harry tiene padres y todos son felices :D]
Desde pequeños, a los niños de la comunidad mágica se les contaba qué, cuandocumplían la mayoría de edad, 17 años, un tatuaje aparecía en alguna parte de su cuerpo, indicando así su alma gemela. En el cuerpo de ésta, también aparecía un tatuaje. Los tatuajes se basaban en el Patronus de tu alma gemela.
Había una leyenda que explicaba este extraño fenómeno. Se decía que mucho tiempo atrás, hubieron dos amantes unidos por el destino. Ella tenía un Fénix macho en el hombro y él un Fénix hembra en el antebrazo. Al parecer, estaban en distintos bandos, y se odiaban a muerte, y a pesar de ello, eran almas gemelas.
Siempre negaron su destino, cegados por el odio. Hasta que un día, tuvieron que enfrentarse cara a cara.
Ella, que tenía una maestría increíble con los hechizos, y él, un guerrero innato, que manejaba la espada mejor que nadie.
Se batieron a duelo, y al mismo tiempo que el hechizo de ella lo golpeaba en el pecho, el atravesaba el estómago de ella con su espada.
Sus cuerpos cayeron al suelo, y de ellos, brotaron dos hermosos Fénix plateados, uno hembra y uno macho, que volaron juntos por el resto de la eternidad.
Supongo que la moraleja que se puede sacar de esa historia es: No puedes evitar el destino.
Nadie sabe si la historia es cierta o no, pero lo que si se sabe es que a la mayoría de edad, descubres quién es la persona con la que vas a pasar el resto de tu vida.
Mis padres, por ejemplo, tienen tatuajes a juego. Mi madre tiene un ciervo en la muñeca y mi padre una cierva en el hombro.
O por ejemplo, mi padrino Sirius tiene un lobo en el pecho, mientras que Remus tiene un perro negro tatuado en la espalda.
Es cierto que dos o más personas pueden tener el mismo Patronus, pero el tatuaje nunca es igual. Siempre cambia el género del animal, o la pose, o el lugar, pero nadie tiene el mismo tatuaje.
Desde que era muy pequeño estuve esperando con ansias el día de alcanzar la mayoría de edad.
Cuando fui admitido en Hogwarts, estaba muy emocionado, con la idea de que probablemente allí conocería a mi alma gemela. Aunque claro, el destino da mil vueltas, así que vete tú a saber.
En Hogwarts conocí a mis mejores amigos, Ron y Hermione. También conocí a cierto rubio, Draco Malfoy, con el que me enemisté desde un primer momento.
Bueno...Quizá me llamaba la atención un poquito...pero solo un poco, además, era un completo idiota.
Salí durante mi sexto año con Ginny, pero no duramos mucho, así que dudo que ella fuese mi alma gemela.
El día que cumplí mis diecisiete años, recuerdo levantarme emocionado, como un niño pequeño el día de Navidad. En seguida me puse frente al espejo. Nada por mi cuello, rostro, ni manos o brazos. Me quité la camiseta; nada por mi pecho o abdomen. Me giré...
Y si, en mi espalda había un enorme dragón tatuado, que era increíblemente precioso. Tenía las alas extendidas y la cola me llegaba a casi la mitad de la espalda.
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