06 "Discusiones"

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"Puedo romper la cara de alguien antes de que siquiera tenga oportunidad de quejarse

Eso no te hace alguien confiable, solo te hace un salvaje"


-¿Qué no tienes nada que hacer? – Magnus miro hacia a Alec que estaba sentando en su ventana.

-No. A comparación de ti, yo soy una persona responsable, que ya tiene todo listo. – Magnus cerro su maleta.

-Solo eres alguien a quien le gusta molestarme.

-Bueno, eso es cierto. –Le sonrió y Magnus rodó los ojos

-Eres un id...

-Idiota, lo sé, me lo has dicho bastantes veces. –Exagero,

-No te lo diría si no te comportaras como uno.

-Como que me importa lo que digas. –Miro a la ventana.

-No tengo idea porque te contrato mi mamá, seguro no sabía que eres un idiota. –Alec río.

-Tal vez no, pero sabía que puedo romper la cara de alguien antes de que siquiera tenga oportunidad de quejarse.

-Eso no te hace alguien confiable, solo te hace un salvaje. –Termino con la otra maleta. – Ya. –Suspiro.

-Bien, yo manejare, solo pon la dirección en el gps. –Magnus frunció el ceño

-¿Por qué no puedo manejar yo?

-Por qué harás que nos matemos. Sé que reprobaste tu examen de manejo algunas veces, antes de pasarlo

-Solo una vez. –Alec alzo ambas cejas, - bien, fueron dos.

-¿Estás seguro?

-¿Qué son tres veces? –Alec se rió. – Insoportable. –Y salio arrastrando las maletas, mientras Alec seguía riendo detrás de él.

(...)

-Magnus... -Alec lo movió un poco, Magnus despertó de golpe y lo miro. –Lo siento, pero ya llegamos.

Magnus miro al frente, tallando sus ojos. –Si. –Desabrocho su cinturón y bajo rápido, acercándose a la caseta de vigilancia. –Hola Xavier.

-Muchacho, que gusto verte. –Le sonrió y Magnus correspondió la sonrisa, un poco adormilado.

-Lo mismo. –Xavier le entrego las llaves.

-Tu mamá hablo, dijo que estarías aquí con un primo. –Magnus asintió.

-Sí, estaremos algún tiempo.

-Bien. Puedes hablar para cualquier cosa. –Magnus sonrió de nuevo.

-Gracias. -Camino de nuevo a la camioneta, entrando. El portón fue abierto y entraron. – Es a la izquierda. –Le indico, Alec lo hizo.

(...)

Magnus sonrió con nostalgia al entrar a la casa. No era realmente una cabaña, pero su padre siempre le había llamado así. Era una casa linda, con un lago frente a ella. Había mas casa alrededor, pero alejadas unas de las otras

Sorprendentemente, Alec y el habían hablado bien, Magnus le había indicado cualquier cuarto que quiera agarrar. Él se quedaría en el que era suyo, obviamente.

Cuando termino de desempacar, se deja caer en la cama, tapo su cara. Tenía que llevarse bien con Alec, ambos estarían aquí, juntos, por quien sabe cuánto tiempo.

Pero el tipo era insoportable, y tal vez le gustaba un poco, pero eso era irrelevante.

Salió del cuarto y bajo rápido las escaleras. Encontró a Alec en la cocina, mirando el refrigerador

-Realmente estamos muy bien proveídos. –Magnus se acercó a un lado de el

-Oh amo esto, -saco una de las paletas de hielo y chamoy, –son mis favoritas. –Le paso una a Alec con normalidad, Alec la agarro lentamente, Magnus parecía muy contento por las paletas, Alec sonrió un poco.

-¿Saben bien? –Magnus lo miro como si hubiera dicho la cosa más sorprendente del mundo.

-¿Bromeas? ¿Qué nunca has comido una? Son las mejores, ábrela, -Magnus sonrió con emoción. Maldición, tenía que dejar de sonreírle así, Alec iba a estar jodido. Magnus de un brinco se sentó en la barra, esperando a Alec. - Vamos ábrela. - Alec reacciono, ¿Qué? Ah sí, la paleta

La abrió y la comió rápido

-¿Y bien?

-He probado mejores. –La sonrisa de Magnus no se borró.

-Sabía que dirías eso. –Alec le sonrió un poco y luego miro a otro lado, tenía que calmarse. -Bueno. Conozco un lugar cerca donde venden pizza, sabe muy bi... -un ruido interrumpía a Magnus quien frunció le ceño.

-Quédate aquí, iré a ver. –Alec dejo la paleta a un lado, Magnus bajo de la barra, tirando el palo de la paleta.

-No, voy contigo.

-Magnus...- Pero el comenzó a caminar, ignorándolo. Alec bufo. -¿En serio no puedes hacerme caso por una vez?

-No. –Se detuvo en la gran ventana. –Oh, es solo Ottis. –Sonrío abriendo la ventana, para dejar entrar al gran perro. –Hola amigo ¿me extrañaste? Yo te extrañe. – Río mientras el perro lamia su cara.

Alec sonrió, sintiendo algo extraño en su pecho. Dio media vuelta, volviendo a la cocina. Necesitaba calmarse de una puta vez.

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