Sakura se va por mas de tres años de la aldea de Konoha, por la misión de ofrecerse como voluntaria para ayudar al cuerpo médico de Suna con nuevas técnicas medicas.
Pero lo curioso sera que regresara acompañada de un niño. Un niño que es su hijo y...
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HACE CINCO AÑOS:
Sentir como la lluvia caía sobre su cuerpo, sentir como mojaba cada fibra de su ser, no era gratificante.
Ver como nuevos nombres aparecían en la piedra de los héroes caídos no era lindo.
Ver como nuevos héroes surgían, no era alentador.
Ver como otros sufrían por las perdidas, no era una opción.
El ya había pasado por eso y no quería que nadie más pasara por algo igual. Al menos no ella. Sakura no se merecía eso.
Kizashi y Mebuki Haruno eran los nuevos nombres que en esa piedra estaban grabados. <¿Quien diría que un clan de simples civiles daría tanto?> Escucho como los consejeros hablaron que fue culpa de ellos llegar hasta ese punto. Que nadie les obligó salvar a esos niños ya que los jounin tenían todo planeado.
Pero nada está planeado para el puto destino que siempre tiene sorpresas amargas para aquellas almas que bien obran.
Sakura se fue a servir a la guerra en nombre de Konohagakure. ¿Y que sorpresa recibió cuando regresó del campo de batalla?. Ver a sus padres acostados sobre unas camillas de acero frío e inoxidable. Inertes, mustios, sin vida. Todavía recordaba como sus ojos esmeraldas se nublaron de impotencia y una sensación amarga recorrió su garganta al ver el desespero de Sakura al tratar de despertarlos. Pero era en vano. El ya lo había intentado antes con sus amigos, pero así como Sakura no obtuvo resultados.
–Mierda —Mascullo haciendo crujir su mandíbula. Hace un año que había terminado la guerra. Hace un año que su ex-alumna había perdido a sus padres en esa maldita guerra. Hace un año que el sabía que su alumna sufría, pero era fuerte y lo disimulaba bien.