Sakura se va por mas de tres años de la aldea de Konoha, por la misión de ofrecerse como voluntaria para ayudar al cuerpo médico de Suna con nuevas técnicas medicas.
Pero lo curioso sera que regresara acompañada de un niño. Un niño que es su hijo y...
El viento primaveral soplaba sin recato, refrescando la noche poco a poco.
Las nubes jugueteaban traviesas en el firmamento azabache, que ayudaban a las estrellas a esconderse de la luna en un juego de escondidillas natural. Las luces de las calles empezaban a encenderse, uno que otro grillo se escuchaba por los alrededores, dando una sinfonía relajante a la noche apacible.
A Sakura le gustaban las noches de primavera, eran estrelladas y refrescante. Más que todo le gustaba el color del cielo azabache que se asemejaba al color de ojos de cierto platinado.
Mientras revolvia una sarten, en donde se encontraba salteando unos vegetales para acompañar su estofado de carne, pensaba en esos ojos color carbón que con la más mínima chispa de deseo se prendían, sabía que agarraban un color incandescente capaz de enloquecer a cualquier mujer víctima de sus deseos carnales.
El simple echo de recordar su mirada lasciva sobre ella, su miraba penetrante a la hora detener sexo, era una sensación que jamás podría olvidar. Esa tarde y esa noche eran de esas que le hacían recordar el calor de su amante sin nombre, de su mirada livida onix, de sus caricias suaves y cariñosas, que contrarrestaban lo áspero y calloso de sus manos, que daban a conocer la historia y trayecto que había tenido como uno de los mejores ninjas de Konoha. No, mejor dicho como uno de los mejores ninjas del mundo.
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—Ver sus ojos siempre será un castigo —Hablo en voz alta, con los coloretes en sus mejillas. Pensando en todas esas noches, que compartieron juntos. Tantos recuerdos que tenía ella de él, en esa cocina, tantas veces que el la tomó como suya en esa habitación. Tantas veces que gimió su nombre, tantas veces que le perteneció.
Pero ahora todo eso quedaría en recuerdos, recuerdos que jamás se volverían a repetir (al menos eso pensaba ella).
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Sakumo miraba la televisión, esperando que su madre terminará de preparar la cena. Miraba la televisión pero no le ponia atencion al programa que estaba viendo ya que, la primera fase de la misión del Dokudaime, era que el tenía que llevar el nombre de los amigos cercanos a su mamá y enumerarlos. No se escuchaba difícil, ya que su madre tenía pocos amigos.