Marzo de 2022
E
Dios, quería estar en ese momento y lugar más que en cualquier otro de mi vida. Ese beso era a expresión física de lo que estaba sintiendo, amor y deseo, ganas de estallar. Nos caímos al suelo, puse mi brazo para que no se golpeara la cabeza y, sin pensar, me encimé de lado para seguirlo besando. Me mordió repetidas veces, me gustó.
Este J de ahora sabía lo que hacía. metí la mano debajo de la camiseta, toqué su pecho desnudo y comencé a besarlo por el cuello. Se incorporó de inmediato.
-Mejor nos vamos.
Hice una pausa larga esperando que se retractara de su decisión, pero no cambió de opinión.
-Sí, es mejor que me vaya, tengo función en dos días, necesito descansar.
-Claro, déjame llevarte.
-Pues... -dudó- bueno, está bien.
Habló muy poco durante el camino. No le pregunté a dónde íbamos y me dirigí a su casa. Yo no entendía nada, un segundo estábamos besándonos como poseídos y al otro se mostraba callado y distante. Sabía que algo estaba pasando, supuse que me lo diría después. Mientras tanto no dejaba de darme vueltas en la cabeza lo que acabábamos de vivir, estaba tan feliz y tan eufórico que lo único que hice camino a casa fue sonreír y morderme el labio inferior de forma inconsciente cuando recreaba esa escena en mi mente.
-Nos vemos -J se despidió abriendo la puerta notablemente nervioso-.
-Nos vemos- sujeté su brazo-. Nos vemos, pero en algún momento tendremos que hablar de esto que pasó y de todo lo demás, incluidos los cambios repentinos de humor ¿no crees?
No respondió nada, sólo lo vi alejarse hacia la puerta, tampoco volteó para ver cuando me fui.
...
Estuve pensando durante toda la noche y parte de la mañana siguiente. Me preocupé al ver que tal vez me había excedido, tal vez había sido demasiado brusco. Temí que pensara que yo era un guarro, tal vez no me querría ver de nuevo. Pero me consolaba pensando que ese beso había dicho otra cosa y que en el fondo él ya sabía que yo a veces era un guarro. Chale, nunca me había sentido tan inseguro con alguien.
Decidí ir a aclarar las cosas de frente de una vez, llamé a su casa y me contestó su hermana:
-Hola ¿Está J?
-No, no está
-¿A qué hora llega?
-¿Quién lo busca?
- Ah, hola, discúlpame por no saludar, Soy E, ¿Te acuerdas de mí?
-Claro que me acuerdo ¿Cómo olvidarte? -lo dijo con sarcasmo-.
-¿A qué hora llega J?
-Pues creo que ya no vendrá hoy, se fue a su casa.
-¿A su casa?
-Bueno sí, vive en un departamento
-¿En dónde?
-En Santa Fe, con otro chico.
Esas tres últimas palabras me congelaron los pies: "con otro chico". Hice una pausa. Podrían ser mil cosas, su roomie, su compañero de elenco. Era muy probable que los quisieran a todos concentrados para la gira en un solo lugar. Eso ahorra tiempo y esfuerzo. Además está de gira, tal vez esté unos días más y se vaya del país. Tal vez se independizó o se peleó con su mamá hace tiempo, decidió vivir solo y después consiguió un compañero y...
-¿Bueno? -se oyó R al otro lado de la línea-.
-Ah... sí bueno, me puedes dar la dirección porfa.
-No
-Ándale, ¿Qué te cuesta? Es para decirle algo. Es más, lo vi ayer, sólo que fue muy rápido y se me olvidó pedirle el teléfono. Es para algo importante.
-No sé si debería.
-Ándale, es algo urgente -dudé-, es... sobre un amigo de los dos.
-¿Qué amigo?
-No lo conoces. Anda ¿sí?
-Mmm... bueno, está bien, pero... Ok. Vive en la calle de Gardenias, número 26, departamento 12, es un edificio color gris.
-Gracias.
Colgué de inmediato y tomé las llaves del coche. No quise pensar en nada más, preferí saber lo que pasaba antes de hacerme historias, porque ésta fue una sorpresa horrible. Aunque nada comparado con lo que venía después. Treinta minutos dando vueltas con el GPS y al final di con la dichosa calle. Toqué a su puerta y alguien, de quien supuse era el chico en cuestión, me abrió. Apenas si pude articular palabra.
-¿Está J?
J apareció al fondo
-E ¿qué haces aquí?
...
Momentos antes...
-Así que ya hiciste tus maletas -Dijo B, expresando lo evidente al ver las maletas de J en medio de la sala-.
-No esperarás que me quede ¿o sí?
-Te dije que podías quedarte cuanto quisieras, yo ya me voy a Monterrey y tú tienes función mañana, sería engorroso mudarse ahora.
-No sé qué sea mejor. ¿A qué hora sale tu vuelo?
-A las 7
J no dijo nada más, entró en la habitación poniendo el seguro a la puerta. Se tumbó en la cama boca abajo y hundió la cara en la colcha. Emitió un grito ahogado como para que B no lo escuchara.
El timbre de la puerta sonó con insistencia. J pensó que era el jefe de mantenimiento que venía a arreglar la fuga del baño, pero la voz que escuchó lo tomó por sorpresa. Salió al instante y vio a E parado en el marco de la puerta, mientras B se giró para verlos a ambos.
-Te buscan -dijo B apartándose del camino-.
-E ¿Qué haces aquí?
-Sí eh..., es por N.
-¿Qué pasa con N?
-Se... accidentó. Sí, se accidentó y... está muy grave, o sea, lo están velando.
-¿Qué...?
-Es decir no, lo que pasa es que está muy herido, eso quise decir.
-Pero ¿cómo? ¿Está muy mal?
-Sí, está gravísimo, otros amigos y yo vamos a ir al hospital ¿vienes?
-Sí, déjame ir a buscar mi celular y mis llaves.
B observaba la escena desde la cocina y sonreía con una mueca dolorosa. Le hizo gracia el truco mal hecho de E para sacar a J de la casa y le dolió la ingenuidad de J por creerle, una de las características que más amaba de él.
B recordó cuando vio a J por primera vez. Su rostro hermoso y ansioso. Lo vio caminando de un lado hacia el otro en la sala de espera del aeropuerto. Le pareció un chico guapísimo y se decidió a saber por lo menos su nombre. Después le agradó su voz al hablar con la encargada, su acento familiar, el tono. No lo perdió de vista durante una hora. Se preguntaba la razón de su actitud y finalmente le habló.
Recordó también los primeros días de amistad, la charla que duró varias horas durante el vuelo. Cómo engañó a J para dejarle grabado su teléfono en el suyo, diciéndole que ya no tenía batería y necesitaba hacer una llamada. Cómo se plantó afuera del departamento de J en Buenos Aires después de que volvió de vacaciones de México, las llamadas a deshoras, los mensajes, el beso en la calle de Caminito con las luces nocturnas de la ciudad. La vida juntos durante el poco tiempo que volvía a México o el poquísimo tiempo que B vivía con él en Buenos Aires.
Él era su J, el amor de su vida entera. Ahora estaba por irse sabe Dios a dónde, con otro chico. Se iba no solo de su casa, sino de su vida, para siempre. Y él no lo impediría. Después de todo, era mejor así.

YOU ARE READING
Emiliaco Años después
FanfictionDespués del suceso de Aristemo, cada uno de nuestros protagonistas sigue su camino. J se va a trabajar a Argentina y pierde contacto con E por dos años debido a una desagradable situación. Después de dos años se reencuentran para reavivar un sentimi...