Capítulo 11. Me dejas por un cobarde

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                                                                                               2022

Por la mañana los programas de espectáculos dieron la noticia del acto de B en el centro comercial y de cómo J lo había rechazado. E fastidiado y molesto apagó la televisión, su hermana apareció en el cuarto:

-¿No sientes celos? Digo, otro chico se enamoró de él y hasta se lo comió primero que tú.

-Cállate no sabes nada.

-¿Hay algo que no sepa? ¿Crees de verdad que lo haya olvidado?

-Espero que sí, más me vale, porque si no mi relación con él se termina.

-Ay hermanito, todo por tus tonterías, tú y él habrían estado juntos desde el principio.

-Lo sé, en ese tiempo era un idiota.

-Bueno, siendo sinceros, lo sigues siendo.

-Cállate ya y lárgate de mi cuarto -E lanzó una almohada en dirección a su hermana-. R desapareció al instante. Él se quedó pensando. Sólo imaginarlos juntos le provocó dolor de estómago.

Su hermana apareció nuevamente en la puerta.

-No, ya en serio, necesito tu ayuda.

-¿Qué quieres? No presto dinero.

-Ay ya, no quiero dinero, quiero que me ayudes a cambiarme.

-¿Por otra? Encantado.

-Ya cálmate, a cambiarme de casa.

E abrió los ojos e hizo una cara graciosa, sonrió incrédulo.

-¿Te vas ahora sí? Tienes como dos años diciendo que te vas a independizar.

R lo empujó jugando.

-Ya, ya lo sé, tú deberías hacer lo mismo.

-No, ya sabes que soy muy tradicional, yo salgo de mi casa hasta que me case.

-¿Con tu novio?

-Sí

-No sí, la tradición andando. ¿Entonces qué?

-Sale pues, te acompaño, le digo a unos amigos y vamos.

-Sólo son cajas, los muebles ya están allá.

...

E y sus amigos entraron al edificio del departamento de su hermana.

-No rompan nada, ahora subo a abrirles.

-¿Podrías darte prisa? Esto pesa -gritó E desde el segundo piso, ella subió corriendo-.

-¿Cargas piedras o qué?

-Ten cuidado, esos son platos.

La caja se desfondó al instante y el estruendo de los platos rotos rebotó por todo el pasillo. Un anciano salió del departamento de enfrente y los observó con el ceño fruncido. E entrecerró los ojos esperando el regaño. Su hermana se disculpó.

El hombre en seguida cambió su mueca a una amplia sonrisa.

-Nuevos vecinos, qué bueno, soy G, este lugar les va a gustar, los demás vecinos son serios, pero amables, el barrio es muy seguro. Cualquier cosa que necesiten aquí estoy. Ay, pero mira, se te rompió toda tu vajilla. Aquí cerca, a dos cuadras hay una tienda departamental, allí puedes comprar otra, hay muy bonitos diseños. Hace como un mes más o menos compré una muy buena en color rojo y café con unas flores preciosas.

R sonrió.

-Gracias, ya vamos a entrar, ahora le digo a mi hermano que limpie este desastre.

E y los chicos entraron.

-Simpático tu vecino.

A la misma hora B tocaba la puerta en casa de J.

-Sólo quiero hablar unos minutos contigo.

-Creo que no puedo ser más claro...

-Sólo unos minutos -lo interrumpió B-.

-Di lo que tengas que decir, te escucho.

-Aquí no, vamos por un café.

-Está bien, pero que quede claro que esta es la última cosa que haré.

J entró a su casa y salió con una gorra negra puesta y unos lentes de sol, cerro la puerta y se fue caminando con B. A unos pasos entraron en un restaurante. El mesero tomó la orden y J no perdió el tiempo.

-Dime, te escucho.

B hizo una pausa.

-¿Por qué volviste con él?

-No pienso discutir eso contigo -J se levantó de su asiento-.

B alargó la mano.

-Espera, es que no lo entiendo. El no te ama como yo, ni siquiera tiene las agallas para hacerlo público, ya te botó una vez y te negó. ¿Crees que lo hará distinto esta vez?

-¿Tienes cara para decirme eso cuando tú también me botaste? ¿ya se te olvidó?

B agachó la cara y cerró los ojos. Un hilo de agua le cayó en las manos. J volvió a la silla.

-No tienes ni idea de cómo lamento ese día, nunca me voy a perdonar haberte perdido.

J guardó silencio unos segundos. B comenzó a sollozar.

-B yo te quiero, mucho. Formaste parte de mi historia, casi te debo la vida. Eres una persona muy importante para mí, pero no puedo regresar contigo.

-¿Por qué no, si lo nuestro fue especial?

-Lo fue, tú lo has dicho.

-No puedes borrar el pasado como si nada.

-No puedo, pero ahora sólo es un bonito recuerdo.

-No lo entiendo. ¿Me dejas por un cobarde?

-E no es un cobarde, y tú menos que nadie puedes hablar así. Hay algo que te diré, aunque no tenga la obligación de hacerlo, sin embargo, quiero que entiendas mis motivos. E y yo tenemos una historia más larga y profunda de lo que muchos creen. Hace años jugamos un juego que salió mal, los dos nos equivocamos y ambos salimos heridos. Ahora hay una diferencia al menos: soy consciente de que puede salir mal y no me importa. Soy suficientemente fuerte para estar a salvo. ¿Por qué? Porque hoy soy yo quien decide qué cosas vivir. Yo ya no me voy por nadie ni me quedo por nadie, yo elijo, ya lo elegí a él.

-Hablas sólo porque no está pasando nada, pero cuando te enfrentes a la realidad y salgas lastimado otra vez, sabrás que no es tan simple.

-Estoy consciente, pero me conozco. Es muy tonto dejar de vivir por el miedo a sufrir. Es esto lo que quiero vivir ahora.

-Ya lo hizo una vez, lo hará de nuevo.

-Hay cosas de mí que no sabes, hay cosas de nosotros que nadie conoce.

-J por favor, entra en razón, te estás engañando.

-Tal vez el que se engaña eres tú. Yo no soy el J que conoces, tal vez nunca lo fui.

-¿Qué quieres decir?

-Que tú esperas de mí algo que ya no puedo ser.

-Eres mi J, siempre lo has sido, ¿cómo esperas que me rinda?

-J se levantó y tomó sus cosas de la mesa.

-Tarde o temprano tendrás que entender. Ya no quiero estar contigo.

J se marchó y B se quedó clavado en el asiento con la vista en el suelo. El mesero trajo los cafés. B meditó si era hora de bajar los brazos, era lo correcto, mas definitivamente no podía. Resolvió empezar de nuevo, tratar de ser amigo de J. Estar allí para él en los momentos difíciles que seguramente vendrían debido a E.


Emiliaco Años despuésWhere stories live. Discover now