A eso de las cuatro, sale a comprar al supermercado. Pero termina desviándose para visitar una librería que le llamó la atención hace bastante tiempo. Esta fuera de su ruta normal, pero por lo menos el sitio se ve tranquilo.
El local en cuestión es chico, del tipo independiente, y en la parte de atrás hay una pequeña cafetería. Se sienta a leer un libro y beber té, disfrutando la amena paz de la tarde. Sorbe despacio de la taza, y se concentra en su lectura.
Ya se ha perdido entre varias páginas, cuando escucha una voz familiar llamarlo.
-¿Manuel?
Levanta la mirada. Francisco esta parado frente a su mesa, cargando una caja con huecos en la que--Manuel presume--lleva a su tortuga o a alguna de sus otras mascotas.
-¿Fran?
Francisco parpadea confundido por un par de segundos antes de volver a sonreír.
-Ah. Es cierto. Supongo que te mudaste por esta zona, ¿verdad?
-¿Qué?
-Ayudé a Cata a recoger unas cajas viejas que el inquilino anterior dejó abandonadas en su antiguo departamento.... Hace como una semana, semana y media quizás...
Ahora es el turno de Manuel de lucir perdido. No entiende porque Francisco le está contando esta historia. Francisco parece notar que no conecta los puntos, por lo que se detiene y deja salir un breve suspiro.
-Reconocí a tu compañero de apartamento. Supuse que andabas trabajando o algo. Descuida, no es nada raro que te mudes al apartamento de mi hermana. No me importa.
Francisco ríe, e incluso le da un par de palmadas en la espalda. Manuel lo mira fijamente; las tuercas de su cerebro giran violentamente, y sin embargo su boca solo deja salir una pregunta.
-¿Qué?
La sonrisa no se borra del rostro del ecuatoriano, y es que es obvio que no entiende que acaba de tirar a Manuel en la dirección de un huracán de fuego de sentimientos y pensamientos confusos.
-Oye, podríamos salir los tres con Cata. Sabes que le encanta ir de fiesta.
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Par de Idiotas
Ficción GeneralDonde Manuel y Miguel terminan, y la convivencia en el apartamento es un infierno.
