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—¡Joder!—gritó Alba con un ápice de exaltación, deshaciéndose a su vez del agarre aún mantenido con sus piernas alrededor de mis caderas—¿qué coño hacemos, Natalia?
—Tenemos que volver a por los demás.
Comenzamos a caminar forzosamente dada la imposibilidad que nos brindaba el agua de arrastrarnos con una mayor agilidad.
La progresión de los gritos desesperados y los constantes disparos eran perfectamente palpables para nuestro sentido auditivo. El incremento de los sonidos llevados acabo detrás del muro eran directamente proporcionales a nuestra cercanía con la costa.
Previamente a alcanzar la dicha, divisamos cómo una persona se desplomaba por el alto muro a raiz del impacto de una bala sobre su pecho, precipitando inerte en la arena.
—Joder...—maldijo Alba, deteniéndose.
Seguidamente, ocurrió acto semejante. Una mujer, como un posible propósito de huir de la enboscada, se arrojó. El impacto contra la arena la imposibilitó levantarse a continuación. El muro era considerablemente alto. Al instante, uno de los atacantes descendió por las escaleras previamente utilizadas por una servidora, para desenfundar y acabar con la vida de aquella inofensiva mujer.
Yacíamos instauradas a una distancia relativamente corta, lo suficiente como para que el agresor, a una escasa distancia de su reciente victima, nos divisara sin dificultad alguna.
La realidad me golpeó. Arrastré a Alba hasta sumergirnos nuevamente en el agua. Pareció captar el acto que me disponía a realizar puesto que no opuso resistencia y carecimos de comunicación verbal. Nadamos sumergidas con el fin de alejarnos considerablemente de la posibilidad de caer en manos de aquella devastación. Nuevamente, alcanzamos la superficie puesto que nuestra capacidad pulmonar alcanzó el límite de su cavidad disponible.
—Joder—musitó Alba íncomoda, pues su pequeña estatura le privaba alcanzar el terreno marino a dichas alturas mar a dentro.
—No podíamos quedarnos ahí, Alba.
—Ya, ya lo sé. Pero me cansa estar así.
—Relájate y flota.
Realizó lo dicho, dándome el gusto de admirar su perfecto perfil a contraluz lunar. Aquella bella silueta, se vio sometida ante lo que venía siendo una inesperada y un tanto cómica sacudida por parte de una ola. Literalmente, envolvió el cuerpo de la rubia. Comenzó a toser con descaro dado el atragantamiento causado por la bocanada de agua que se instauró peligrosamente en sus pulmones.
Opté por acortar distancias y sostenerla en una posición relativamente similar a la que empleé en circunstancias anteriores. Y pensar que hace nada me la follé y ahora está tosiendo como un bebé atragantado. No pude evitar esbozar un mueca divertida, muestra que a la rubia no le pasó por alto:
—¿De que te ríes?—inquirió con cierta curiosidad y arrugando levemente la piel instaurada en el fino puente de su nariz una vez finalizada la tos.
—No me estoy riendo.
—Estás sonriendo.
Bufé.
—La última vez que te cogí así eran por otros motivos.
—Tenemos a un grupo de terroristas cargándose a toda peña en la playa en la que tenemos a todos nuestros amigos y tú y yo estamos en el puto mar para que no nos vuelen los sesos. ¿De verdad qué solo piensas en follar?
—Pues no, Alba, obvio que no. Te pido perdón por existir.
Admiré en primer plano como una sonrisa de medio lado se instauraba con un ápice de timidez bien disimulada en su rostro.
—¿Quién es la que sonríe ahora?
—Eres muy mona cuando te enfadas—afirmó, para a continuación, depositar un casto beso sobre mis labios con una fugacidad digna de no analizar lo recién ocurrido al momento.
Seguidamente, procesé como un inevitable cosquilleo recorría mi espina dorsal, desembocando en un calor agradable que optó por instauradarse descaradamente en mis mejillas, tiñendo estas de un rosado al instante.
Para cuando pretendí concienciarme de la reacción de la rubia, su cara reflejaba una evidente sorpresa proporcionada por algo que yacía a mis espaldas.
—Rocas. Tenemos que ir ahí. Además, ya estamos en marea alta, el mar no las va a cubrir—sugirió, señalando en la dirección que iba destinada su mirada.
Efectivamente, aquello podría resultar nuestra temporal salvación.
Se desprendió del agarre y comenzó a desenvolverse en un elegante nado a crol destinado a la superficie roscosa.
La seguí.
Para cuando alcanzamos la dicha, nos percatamos de que presenciaba una serie de zonas ligeramente afiladas. Por fortuna, en la superficie rebosaba una explanada careciente de ningún filo sobresaliente.
—¿Comó subimos?—inquirí, concienciándome de la dificultad que nos brindaba la santísima madre naturaleza.
—Pues subiendo—contestó con obviedad.
—Pues dale, Alba Reche. No te cortes.
Sorprendentemente, la rubia tomó la iniciativa. Se incorporó levemente gracias al agarre sobre diversos salientes proporcionados por la roca. Realizó actos semejantes sucesivamente con tal de ascender la distancia que me permitiese admirar a la misma altitud la siguiente estampa: el culo de Alba a la altura de mi cara.
—Alba.
—Joder macho. Que oportuna—musitó con un timbre ahogado, puesto que el esfuerzo que conllevaba escalar la imposibilitaba pronunciar con nitidez.
—Eres preciosa hasta de espaldas.
Silencio.
Entonces rió de una forma un tanto rasgada y ronca, ciertamente característica en Alba Reche.
No te enternezcas, Natalia. Mierda.
—Eres boba.
Alcanzó la supuesta cima con su extremidad inferior derecha. La izquierda, permanecía intacta en la posición previa a dar alcance a la dicha.
—¿Todo bien?—cuestioné.
—Sí... es que... creo que me va a costar. Hay un saliente de por medio y no todos nacemos con tus jodidas y perfectas piernas.
—¿Necesitas que...?
—No, puedo yo.
Torpemente, se impulsó como buenamente se encontraba capacitada dado el estado en el que yacía. Un gritó desgarrador manó ahogado de su garganta en el acto.
—¡Alba!
No optuve respuesta.
—Alba.
Escalé con una agilidad innata para cuando me percaté de que la rubia sollozaba en un intento por que resultara inaudible.
Me posicioné contigua a la posición en la que torpemente se había establecido Alba y divisé con determinación su silueta en busca de lo causante de su inesperado malestar.
—Ahí—señaló.
De su tibia manaba un escaso regeo de sangre causado por un corte de aproximadamente cinco centímetros a lo largo de la dicha.
—Mierda, Alba.
—No hay nada con que taparlo, joder.
—Puedo quitarme la parte de arriba del bikini e intentar cortarlo.
—No va a servir para nada. Además, no te vas a quedar casi en bolas, suficiente frío vamos a pasar ya.
Reinó un silencio sorprendentemente cómodo dadas las circustancias.
—¿Y sí morimos?—reflexioné, al cabo de procesar todo lo que había ocurrido desde que opté por acompañar a María en la velada propuesta por Miki.
—¿Y si te mueres sin besarme?—contraatacó.
Touché.
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Vivir en ti | Albalia
FanfictionConocer al amor de tu vida la noche que casi mueres y creer lo volver a verla nunca más.
