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—Menos mal que era yo la que no se preocupaba por lo que pasaba en la playa, Alba—musité.
Me muero por comerte la boca, pa' que mentirnos.
—Yo solo preguntaba.
—Entonces es una indirecta.
—Tómatelo como quieras, chica—justificó, para, seguidamente, romper con el contacto visual dedicando una obvia mirada altiva.
Bipolar de mierda.
Dejé rebosar con sutileza mi tronco superior trasero sobre la superficie plana. Me conciencié del frío que verdaderamente reinaba en aquella devastadora noche, desencadenando leves sacudidas sobre mi cuerpo que emanaban involuntariamente.
Cierta rubia, posionada contiguamente a donde yacía, me había causado una puntual evasión de la verdadera realidad que transcurría en el plano espacial que compartíamos. Por primera vez, procesé como un sentimiento de verdadero pánico se instauraba penetrante en mi moral.
—Alba.
—Que.
—¿Qué crees que hubiese pasado si nos hubiésemos quedado allí?
—Que no me habrías follado.—me dispuse a recriminar su recién comentario, cuando prosiguió con la información verdaderamente relevante—No sé qué está ocurriendo detrás del muro.
—Si le llegase a ocurrir algo a María... Alba tengo miedo, ¿y si volvemos?
—No he querido decírtelo, pero, mira la playa.
Me incorporé levemente con tal de acatar las ordenes recién transmitidas. Agucé la vista con tal de observar con una determinación suficiente. Distinguí que en la arena permanecía el atacante al que presencié anteriormente acabar con la vida de la mujer cuyo cuerpo rebosaba careciente de vida.
No era el único.
Un grupo de personas, de anatomía masculina portadores de vestimentas idénticas, acorralabana a lo que en definitiva se trataba de unos posibles rehenes.
—Rehenes—afirmó Alba, con un claro ápice de temor.
Me limité a procesar la realidad y como consecuencia a dicho análisis mental, una lágrima jugó a su antojo sin mi consentimiento previo, resbalando así con rebeldía sobre piel facial.
Alba permanecía impasible.
Comtemplé con detenimiento el cielo dado que no tenía nada mejor en lo que invertir tiempo; se mostraba cual salpicadas de pintura blanca sobre un lienzo negro.
—Natalia, dime que hacemos para no entrar en hipotermia con solo un bikini puesto.
El cutis de Alba dejaba entrever el alto contraste de su temperatura corporal con la exterior dado el interminable tiritar de sus dientes y el tono lila que progresivamente fueron adquiriendo sus labios.
—Nos necesitamos a nosotras.
—¿Cómo?—inquirió visiblemente confusa.
Carecimos de comunicación verbal en el acto que me conllevó indicarle con señas precisas que se aproximase. La rubia no se demoró en tumbarse contiguamente.
En un acto que para la susodicha resultó imprevisto, la posicioné mediante un agarre firme sobre su cincura, literalmente, sobre mí. Como respuesta, soltó un leve jadeo a causa de la sorpresa. Enterró su rostro en el hueco que formaban mi cuello y hombro.
—Es mejor darnos calor hasta que se nos ocurra algo mejor que hacer.
—Si me besaras igual entraría más en calor.
—Hazlo tú. Me lo debes.
Desencajó su rostro de su posición previa para consagrar una sonrisa cargada de lascivia. Se acomodó a horcajadas sobre mi cadera en un acto careciente de sutileza. Tienes casi más ganas que yo. Aprecié como su respiración se tornó un tanto agitada dado en incesable encuentro de nuestras agitadas exaltaciones. No eres real, Alba. De sus ojos manaba una luguria perfectamente palpable, puesto que se veía reflejada en la dilatación de su pupila. Aminoró la aún distancia sobrante.
Cerré los ojos.
Sentí como la aterciopelada lengua de la rubia recorría mis labios de principio a fin, embriagándome así con su dulce humedad. Enterré mis manos sobre la parte posterior de su cabello, depositando caricias sutiles sobre dicho fragmento del cuero cabelludo.
—¿Te han esculpido la cara los dioses?—inquirió Alba en una inspección casual a mi rostro, cesando con la intervención en el hallazgo de mi boca.
—Besáme de una puta vez, Alba.
Descendí mis manos con tal de alcanzar su nuca para cesar definitivamente con aquel de rogar incesable. Inicialmente, se trató de un asentamiento grácil. Mi abstención fracasada acarreó con el entreavir de mi boca, dando paso a que Alba efectuara acto idéntico. Percibí como tímidamente nuestras lenguas procesaron su primer roce. Intensifiqué el agarre mantenido sobre su nuca con la única finalidad de suministrar profundidad al beso. Gradualmente, se trataron de embestidas simultáneas en la cavidad formada por el vínculo de nuestras bocas. La lucha por el control interno daba paso a concienciarme de la ascensión repentina de mi líbido, acto que me llevó estrechar sus nalgas entre mis manos.
Jadeó excitada.
Mierda.
En una acción súbita, la rubia rompió con el contacto incorporándose hasta concluir con un asentamiento sobre mi pelvis. Un sentimiento de confusión se instauró en mi moral tras concienciarme del estado de estupor en el que se había visto sometida Alba.
—Natalia, me acabo de dar cuenta de algo—afirmó, aún visiblemente sorprendida.
Deposité mis manos sobre sus muslos casi desintencionadamente.
—¿De que te estabas poniendo perrísima?
—Aparte. Hay otra entrada desde el muro para acceder a la playa. Esta a tomar por culo; el grupo de los atacantes gilipollas esos con los rehenes no nos van a ver ni de coña. Eso sí, tendríamos que nadar por el agua en contra corriente.
—Nos sabemos que hay detrás. Igual está infestada toda la zona.
—Ya se que es acojonante, pero tenemos que intentarlo Nat... Natalia. Por favor.
¿Me acaba de llamar Nat?
—Joder. Pero sin separarnos, ¿vale?
...
Dimos alcance al remate de la trayectoria hasta lograr penetrar en la entrada disponible siguiendo las precisas indicaciones de Alba. Desembocamos en una calle contigua a la plaza donde se ubicaban los diversos establecimientos de consumos varios.
Como buenamente predecimos, pasamos desapercibidas.
La sueve brisa de verano impactaba en nuestras pieles húmedas, causándonos un constante tiritar a causa del frío.
—Ahí comimos antes—susurró Alba, indicando la plaza.
—No hay nadie, joder—sollocé.
—Se habrán refugiado, Natalia.
—Vamos a buscar agua y ropa. Pero mejor bordeando por las calles, si nos adentramos en la plaza estaremos en el punto de mira.
Entablamos precavidas un paso ligero calle arriba, sorteando las secciones rebosantes de luz.
—Alba, mentalízate de la situación joder, ¿y si han muerto todos?
—Natalia—proclamó empleando un tono firme, deteniendo a su vez su paso—estoy aquí tan presente como tú. Pero si me pongo a pensar en ella situación me pongo a llorar. Y creo que para sobrevivir, lo más llevadero es ser egoísta y cubrir al menos tus necesidades vitales. Así que vamos a buscar agua y algo que ponernos encima porque no me apetece morir por hipotermia. Venga Natal...
Disparo. Aquel sonido estridente, irrumpió en la actustica de aquella estrecha calle. Se me heló la sangre, la cual a su vez se vio sometida a un bombardeo intensificado por parte de mi órgano más vital. El tiritar ya no era causa del frío, sino del puro pánico.
—Hostia—espetó Alba con un ápice de incomodidad, perdiendo levemente el equilibro—me... me han dado.
¿Qué os está pareciendo?
salu2 :)
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Vivir en ti | Albalia
FanfictionConocer al amor de tu vida la noche que casi mueres y creer lo volver a verla nunca más.
