Sábado 29 de Septiembre de 2020, 11:23
Una presión en mi bajo vientre hizo que recabase mi conciencia: presenciaba como una energía calorífica se comprimía progresivamente sumando a mi anatomía una dosis de placer.
Doté a mi sentido óptico de su función, aportando, en el acto, un dolor punzante a mis retinas como consecuencia de la luz solar filtrada a través la ventana de la estancia.
Alba yacía acoplada a lo largo de mi anatomía en una postura que acrecentaba la frecuencia de mis constantes vitales a medida que interiorizada la realidad de la misma: sus labios se ubicaban anclados a la sensibilidad de mi cuello, acariciándolo con su plácida exhalación. Su mano se aferraba, aparentemente de forma involuntaria, a mi pecho derecho y su una de sus extremidades inferiores colindaba el margen de pieles que se interponía directamente en contacto con mi centro.
Me mareo.
Vale, a ver Natalia. Vamos a calmarnos. Ayer, después de lo del callejón, le invitaste a dormir a tu casa. Sólo a dormir. Y eso es exactamente lo que habéis hecho. Dormir. Y no cariño, no ibas tan perjudicada como para no acordarte.
Mi evasión puntual focalizada en enmendar mi desorden mental como consecuencia del escenario que se me brindaba, se vio interrumpida por un pronunciamiento de Alba que procedió a que mi excitación aumentara notablemente: gimió, rozando su cálida lengua con mi piel al compás de que su mano se aferrase a mi pecho y sus caderas acometieran un vaivén firme. Vaivén que, grata o no tan gratamente, no cesó.
Me corro.
Tenía que detenerla.
—Alba...—pronuncié con cautela. Ella volvió a gemir—¡Alba!
Casi instantáneamente, su posición previa sufrió un desvarío que acarreó con un asentamiento que distaba casi al completo del anterior: sus codos precipitaron a cada lado de mi cabeza y sus piernas envolvieron mi pelvis, preservando el contacto de ambos centros. Sus orbes oliva desprendían una mirada lasciva acompañada de la lujuria con la que se manifestaba facialmente. Decayó su frente contra la mía y recobró un vaivén certero con sus caderas, desembocando en una fricción de su sexo contra mi monte de venus. Presenciaba la humedad de sus pliegues pese a la interposición de la tela.
Advertí la humedad depositándose en mi entrepierna a un ritmo vertiginoso como consecuencia de las diversas corrientes eléctricas que se dispersaban cual raíces por mi interior.
Contuvo su labio inferior entre sus incisivos cuando la frecuencia con la que oscilaba sus caderas aumentó.
Gimió.
Hostia.
Permanecí inmóvil con un hormigueo en los dedos ante la anticipación de sentirla. Su exhalación desembocaba atropelladamente en la humedad recién aportada a mi boca. Quiero besarte y acariciarte las pestañas.
—¿Estáis follando?—una voz, reconocible a mi pesar, hizo acto de presencia desde la otra punta de la estancia.
La virgen.
El sobresalto de Alba desembocó en una precipitación de bruces contra el suelo por parte de la dicha. Menuda hostia, pobre rubia.
Permanecí inmóvil, recostándome en el cabecero de la cama con tal de ampliar el horizonte visual y tratar de encontrarle un sentido lógico al panorama actual. Interioricé la mueca divertida, con la que se manifestaba María apoyada desinteresadamente en el umbral de la puerta, como un ápice de curiosidad que desencadenaría en una futura relatación de lo hechos acerca de cómo coño había llegado Alba Reche a mi cama.
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Vivir en ti | Albalia
FanfictionConocer al amor de tu vida la noche que casi mueres y creer lo volver a verla nunca más.
