4 de Febrero, 11:09
Un grato ardor, proveniente de los rayos de sol que anunciaban la inminente mañana, desembocaba en mi cutis, incitando a recabar con totalidad la aún escasa conciencia que albergaba.
Contiguamente, Alba yacía abstraída en un aparente plácido descanso. La escasez que suponía la efímera distancia interpuesta, me acondicionó la idoneidad de estudiar su rostro con exactitud. Conducí mi dedo por el mismo, depositando un reguero de caricias apenas perceptibles.
Me detuve en la esponjosidad de la carne correspondiente a sus labios.
Delineé con pulcritud la piel que circuía los mismos, embelesándome con la sedosidad de la que se constituían.
Ansiaba besarlos.
Mi respiración acrecentó su frecuencia a medida que interiorizaba la inciciativa de llevar a cabo mi antojo.
Los entreabrí tenuamente, palpando la humedad que albergaban.
Me relamí.
Focalicé nuevamente mi mirada en sus orbes ocre, plenamente abiertos. Abiertos.
Mierda.
Cesé, notablemente abrumada, con aquel escueto análisis facial, procesando como Alba se enternecía ante mi reacción con las esporádicas circunstancias.
—Buenos días—entonó con una voz ronca matutina, que a mí se me antojó ciertamente sugerente.
—Yo... esto... hola.
—¿Te gusta mi cara?
¿Que sí me gusta tu cara?
Eres la persona más preciosa que he visto en mi vida.
—Bastante. Ni que te hubieran hecho a medida—jaraneé.
Su semblante sufrió una transición radical tras semejante revelación, derrochando una intensidad un tanto compleja de interpretar.
Obtuvo la mano, anteriormente empleada en adularla, para depositar gracilmente mi índice en sus labios.
Mi latente se disparó nuevamente.
Me adjuntó un perecedero beso sobre el remate del mismo. A posteriori, su lengua me propició una única insinuada caricia, impregnándome efímeramente con su saliva.
Tragué con dureza.
Seguidamente, se insertó dicho dedo en la boca, succionando el área correspondiente entre lametones y mordiscos internos, alternados entre sí.
Se entretuvo en adorarlo con deleite, sometiendo sus mejillas al vacío, en una sucesión de absorciones con un patrón definido.
Mi anatomía entera casi alcanza el umbral de temperatura máxima dentro las condiciones fisiológicamente óptimas.
Pese a la embaucación a la que estaba sometida, me deshice del contacto ante la inminencia del porvenir de los hechos en los que desembocaría el escenario que sustentábamos.
—¿Desayunamos?—cuestioné, aún meramente alterada.
—Vamos.
...
16:34
—¿Cómo dices que se llama este parque?—cuestioné, encandilada con el atractivo del entorno.
—Lungomare Falcomatà—pronunció con un exquisito acento italiano.
—¿Cómo aprendiste italiano?—dubité con interés.
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Vivir en ti | Albalia
FanfictionConocer al amor de tu vida la noche que casi mueres y creer lo volver a verla nunca más.
