La limonada combina con... tus ojos ^.^

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Después de que se terminara la práctica de basquet y las audiciones, el idiota, Gomez y yo, nos dirigíamos a la casa, esta vez yo iba atrás y Gomez adelante con el idiota.

-¿Mi amor, hubo algo de nuevo en las audiciones?- Ugh, detestaba estar de violinista.

-Sí, bebé, entraron como tres porristas más-

-¿Ah sí? Eso es nuevo ya que no dejas entrar a nadie-

-Lo que pasa es que hay dos primas mías que entraron-

-Dijiste que fueron tres-

-___________-

-¿Qué pasa con ella?- estaba en mi asiento esperando dichosamente que le diera la noticia.

-Ella entró al equipo- refunfuñó, en esos momentos el idiota para el auto por el semáforo y voltea a verme, le sonreí de la manera más falsa posible, su respuesta es rodarme los ojos. Punto para _________, 1 yo, 0 ellos.

Cuando llegamos por fin a la casa casi que beso el piso, estar casi media hora escuchando a la cabeza hueca y al idiota, es una tortura.

No había nadie en la casa, sólo estábamos los tres, ellos se sentaron en el gran sofá y yo subí directo a mi cuarto, me puse mis audífonos y escuchaba música mientras sacaba un cuaderno para dibujar, escribir... o lo que se me ocurriera.

Luego de unas cuatro canciones, bajé a la cocina a buscar algo de comer, en la otra habitación se escuchaba el televisor, me estaba haciendo un sándwich cuando escucho la voz del idiota.

-¿Podrías traernos algo de tomar?-

-¿Me crees tu sirvienta?- rodé los ojos.

-Por favoorrrr- dijo alargándolo- hace mucha calor, necesitamos refrescarnos- ¿Ah sí?  Sonreí.

-Está bien- respondí neutral, en una bandeja serví dos vasos de limonada y una jarra, todo tenía mucho hielo.

Trataba de no reírme cuando salí de la cocina, los dos estaban sentados en el sofá,  el tenía un brazo alrededor de ella y ella con las manos en su pierna, los dos dirigieron la mirada a mí y sonrieron, já.

-Gracias, esto de que vivas acá me empieza a gustar- dijo el idiota antes de que yo llegara.

Cuando estaba cerca de ellos simulé tropezar y les tiré todo encina... lo sé,  limonada desperdiciada, pero valía la pena.

Los dos saltaron del sofá con sus ropas y cabello llenos de limonada.

-Dijiste que buscaban refrescarse- reí y comencé a subir las escaleras- Oh-me volteé- No se te olvide limpiar no vaya a ser que alguien se...- en esos momentos la cabeza hueca trata de caminar hacia mí,  pero se resbala y cae-... resbale- terminé entre risas y subí a mi habitación.

Me puse a necear un poco en mi portatil, luego de quince minutos de andar en Twitter la puerta se abrió golpeando la pared, sabía quién era así que seguí acostada hasta que un par de piernas aparecieron en mi campo de vista y alce la mirada para encontrarme con un par de ojos mieles enojados.

-¡¿Qué crees que haces?!- gritó.

-Veo Twitter- contesté indiferente.

-¡Sabes que no me refiero a eso!-

-Entonces no me interesa- volví a necear el computador.

-¡¿Quién te crees para venir a mi casa y tirarnos limonada a mi novia y a mí?!-

-Fue un accidente- no te rías... no te rías.

-¡No pareció uno!-

-No te sulfures, por cierto, ¿Dónde está la cabeza hueca?- cerro mi portatil obligando a que lo mirara.

-¡¡¡Tuvo que irse, le arruinaste la ropa y el cabello, el mío también está pegajoso y ni hablar de mi ropa!!!- comencé a reír- ¡¿Que es tan gracioso para ti?!-

-Acabas de aceptar que tu novia es una cabeza hueca- su cara cayó, después entrecerró sus ojos.

-Esto no acaba aquí- dijo amenazante.

-Primero- dije enumerando con un dedo- no me grites, ni mi papá lo hace, ¿No te enseñaron que a las mujeres se les trata como al pétalo de una rosa?- no lo dejé responder- segundo, no me amenaces, me da igual lo que hagas o lo que haga la cabeza hueca-

-Primero- dijo imitándome- ¿A ti no te enseñaron que las mujeres se cimportan como damas?- rodé los ojos- y segundo, no es una amenaza vacía-

-Las mujeres nos comportamos como damas, no como sirvientas y sí,  como digas, ahora sal de mi habitación- se fue retirando.

-Me convertiré en tu peor pesadilla- dicho esto cerró con un portazo y yo estallé en risas.

Al día siguiente todo iba de maravilla, la noche anterior mis padres llegaron con el seguro del carro y ya podía manejarlo.

Me desperte y entré al baño con la ropa que me iba a poner enseguida, luego de unos diez minutos salí vestida con una toalla en la cabeza.

-No demoras tanto para ser mujer- me sobresaltó una voz y cuando veo a mi cama, está sentado el idiota, ¿Qué tal que no me hubiera cambiado en el baño?.

-¿Qué haces en mi cuarto?- pregunté cortante mientras me sentaba en la peinadora.

-Es mi casa-

-Es mi cuarto-

-No me interesa-

-A mí no me interesa que no te interese-

-A mí no me interesa, que no te interese, que no me interesa- dejé el cepillo a un lado y lo miré.

-¿Podrías dejar el trabalenguas e irte?- negó- ¿Por qué?-

-Te dije que me vengaría-

-¿Esta es tu venganza?, ¿Acosarme?- asintió lentamente- Wow, me has matado-

Comencé a echarme un poco de polvo, tubor y brillo cuando él se paró detrás mío, me miraba fijamente mientras yo lo ignoraba olímpicamente.

No soportaba que me miraba, pero eso no lo podía saber, de la nada, se retiró de la habitación con una sonrisa... está loco.

Bajé a desayunar y mis padres con los del idiota ya se habían ido a trabajar, mi hermano a su universidad y los pequeños al colegio, así iba a ser todas las mañanas.

Tenía en frente mío una salchipapa con... ¿Salsa de tomate?, el idiota estaba sentado en frente mío mirándome mientras comía.

Tomé la primera porción y me di cuenta que no era salsa de tomate... salí corriendo a tomar agua, el idiota sólo se reía,  le había echado picante a mi desayuno.

-Te dije que me vengaría- dijo con una sonrisa triunfal y sus brazos cruzados en el pecho.

-¿Ah sí?- hablé mientras me acercaba,  ahora estábamos a unos escasos dos centímetros, pero claro, él era más alto que yo- Ni creas que esto se va a quedar así-

-¿Pretendes iniciar una guerra?- bajó su cabeza haciendo que nos miráramos a los ojos.

-Esta guerra ya está iniciada, niño bonito- comencé a acariciar su mejilla y sus ojos se llenaron de lujuria...

-Podemos darle otro fin- sus manos se posaron en mi cintura y aproveché,  este era el momento perfecto para que mi rodilla golpeara su genital; se desdobló en el piso mientras gritaba de dolor.

-Claro que podemos- reí y me dirigí a mi auto para ir a la universidad.

I hate you... don't I?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora