18.El Aliado Lejano

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El amor requiere primero del dolor, y sin sufrimiento el amor no vence como debe vencer.
Paula, el ángel de los cielos

Salimos de la cárcel con las cajas de armas en nuestras manos, Paula no puede evitar llorar por lo que le espera, no es que sea doloroso, pero el dolor del cuerpo no se compara con el del alma y el corazón. Sabe que debe dejar ir a Valentino por un tiempo que aún no sabemos cuan largo será.

Ahora Valentino es quien trata de comprenderla y consolarla, me duele haber tomado la decisión de que siguieran caminos diferentes.

Llegamos a la casa de Marlen y veo como ella prepara sus maletas, todos nos vamos a dormir, el éxito me dio sueño...

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Paula

Hoy es el día en el que iré a Dinamarca, por un bien mayor pero haciéndome mal a mi misma y a mi corazón, una lágrima sale de mi ojo derecho, pero la seco rápido con la manga de mi sweater para que no se note, quiero parecer lo más fría posible.

Me levanto con dificultad, soy demasiado perezosa, voy al baño y me lavo la cara, luego voy a desayunar, los encuentro a todos en la mesa, solo los saludo, como con calma y me levanto para ir a mi cuarto por las maletas.

No llevaré tanto como quiero, solo cuatro maletas, con ropa y dinero.

-Como saben--les digo a todos en la sala- hoy debo irme a Dinamarca para no atrasar nuestro ataque a Arturo.

-Si, eso estaba diciéndole a Valentino-me contesta Marlen- creo que ya lo toma mejor.

-Si, tengo que resignarme, de todos modos, como dijo Paula, es por el bien de todos- dice Valentino levantando los hombros.

-Entonces, tengo que salir ya- le respondo fingiendo seriedad, me muero por dentro--adiós Valentino, adiós a todos.

Ni siquiera le doy un beso de despedida, solo cierro la puerta tras de mi.

Pido un taxi hasta el aeropuerto, voy con media hora de adelanto.

EL camino lo hago hablando con el taxista, me pregunta por qué una niña iría sola hasta tan lejos, le digo que estoy obligada a hacerlo, entonces el pone una cara de preocupación, me dice que si estoy pensando en hacer algo malo no lo haga porque soy muy joven, pero le digo que no, no es lo que el piensa, sino que tengo que ir para hacer un favor a mi familia y que ellos tienen que quedarse aquí, es peligroso siquiera que traten de acompañarme.

La mentira me sale bien, porque el hombre no vuelve a hacer pregunta alguna hasta que llegamos al aeropuerto.

Me bajo, saco las maletas y pago la tarifa que marca, con el recargo por traerme hasta el aeropuerto.

EL día estaba soleado y despejado, contrario a lo que yo quería, quería que el clima estuviese igual a como yo me sentía en ese momento, quería una lluvia melancólica, pero el cielo prefirió darme un dedo medio y poner buen tiempo.

EL aeropuerto es muy concurrido, sea el día que sea, veo la gente entrando y saliendo, hablando en el andén antes de la entrada y tomando taxis de regreso a sus casas, avanzo hacia la puerta, entro y de inmediato busco la aerolínea que me vendió el tiquete, se que el avión sale en media hora, la mujer que atiende la ventanilla me invita a pasar a la sala de espera...

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