Invasión de caminantes

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Viernes a la noche

"El apocalipsis", "El fin del mundo", "la devastación total", "el fin de los tiempos", estos eran uno de los tantos títulos que pasaban por la cabeza de Juliana Valdés en este momento. Sentada en soledad en el sillón de su casa con un bate de beisbol en una mano y un vaso de coca ligth con hielo en la otra, la morena dejaba que su mente vagara por los recuerdos. Recuerdos que aparecían a medida que la mirada de la deportista se posaba en el muro de fotos que su esposa se había encargado de construir como altar familiar y al que ahora Juliana observaba con intensidad.

La primera foto que llamó su atención fue la de Kara y ella todas embarradas entrando a la casa Carvajal antes de que Valentina fuera su novia. ¿Cuánto tiempo había pasado desde aquel momento y quien iba a decir que justo cuando el mundo que Juliana conocía se estaba por acabar, esa foto iba a ser la que iniciara el conteo de los momentos pasados? Kara había sido a la primera que habían agarrado, la primera a la que Juliana había visto sucumbir antes ellos, y a la cual se habían llevado sin ni siquiera darle tiempo para que Juliana le dijera cuanto la amaba. Su cangurin había quedado en manos de una de las apestosas criaturas que amenazaban el mundo de Juliana y la morena no había podido hacer nada para evitarlo.

La basquetbolista se paró del sillón de un fuerte impulso y aun con bate en mano, se acercó a la pared que sostenía cientos de retratos. Cuando llegó cerca del muro no pudo evitar poner sus ojos en la foto que mostraba el momento en el cual ella sostenía a sus dos mellizas al lado de una Valentina que había sido vencida por el sueño en la cama del hospital. La basquetbolista dejó el vaso de gaseosa en la mesita y con su mano libre acarició el retrato. No pudo dejar de reír ante los ojos bien cerrados de Anne que hacían juego con conducta pacífica y a su vez eran lo contrario a los ojos abiertos e hinchados por el llanto de su hermana melliza Scarlet. ¿Quién iba a decir que estas personalidades tan diferentes iban a ser las culpables de que Juliana perdiera a sus dos hijas? La morena agitó la cabeza tratando de sacarse esos pensamientos de la cabeza, no podía bajar los brazos ahora.

La segunda foto que recorrió con sus manos fue la de ella corriendo tras una rubiecita desnuda por la calle del barrio al que recién se habían mudado. A Maca siempre le había gustado llamar la atención y sin lugar a duda, en ese momento, su pequeño lechucín había pensado que no había mejor forma de hacerse conocer por lo nuevos vecinos que salir a correr por las calles desnuda – Mi valiente Maca – decía Juliana acariciando el retrato – Te dije que no fueras hacia él, te dije que me dejaras a mí, que yo lo iba a manejar, que yo me iba a encargar de esa apestosa criatura inhumana, pero no – suspiró – No me hiciste caso, fuiste tras él y ahora... y ahora... - se llevó la mano a la cara tratando de evitar que sus lágrimas salieran – Y ahora te he perdido para siempre – dijo con las pocas fuerzas que le quedaban. Le dio la espalda a los retratos, no podía seguir mirando más. No podía, pero aun así tenía que hacerlo, tenía que despedirse de lo único que le quedaba y la unía con su familia. Volvió a mirar la pared de los recuerdos y se encontró de lleno con las enormes pestañas de Jules. Juliana no sabía cómo carajo había hecho su mujer para sacar esa foto, pero lo había hecho. Había retratado el rostro de su hija menor en modo conquista a la perfección y la deportista no pudo evitar sentirse orgullosa de haber sido ella la que había logrado esa perfecta mirada. Juliana se acordaba ese día como si hubiese sido ayer, ayer antes de que todo este enorme lio pasara. Ese día Juliana había discutido contra toda la armada Carvajal durante casi un dia entero, tanto su mujer como sus hijas querían pasar las vacaciones en la casa de sus padres, pero no había forma de que después de todo lo que habían vivido el último verano en esa casa, la morena quisiera volver allí. Juliana les había ofrecido unas vacaciones por Europa, les había ofrecido un crucero por el Caribe, ¡Demonios! Si hasta les había llegado a ofrecer un zafarí por África... ¡Pero no! Cuando a las rubias de las familias se les ponía algo en la cabeza, imposible convencerlas de lo contrario, pero esa vez Juliana estaba decidida a ganar esa partida y no se las iba a poner fácil. Las rubias utilizaron sus mejores armas, incluso Valentina intentó con el sexo y fue hasta capaz de ofrecerse para el experimento "PINOCHON" pero a pesar de que ese intento hizo flaquear a Juliana, la morena se mantuvo firme en su decisión de no volver a la casa de verano. Cuando las Carvajal ya habían dado todo por perdido y ya se estaban preparando mentalmente para las playas del Caribe, Jules caminó hasta su morena madre, se paró enfrente y con sus enormes ojos, sus más enorme aun pestañas y su seductora voz dijo un simple "por favor mami de mi corazón" y logró derribar todos los muros de Juliana haciendo que ese verano volvieran a la casa que tanto amaban - ¡MALDICION! – Gritó Juliana mientras agarraba la foto de la pared, deduciendo que seguramente Valentina había aprovechado ese momento de súplica para tomar esa fotografía, y la miró intensamente, su Jules, su lobito le devolvía la mirada desde el retrato. La morena lo devolvió a su lugar pensando que ojala hubiese podido disfrutar de esa mirada un tiempo más, pero ahora... ahora ya era tarde, Jules había sido la última en caer en las garras de esos... cochinos... y abominables seres y Juliana no iba a poder disfrutar de su hija menor nunca más.

Cuando, donde y como diga el amor (Juliantina) CORRIGIENDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora