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Varios meses llorando, ignorando el mundo exterior, sintiéndose como la mierda. Así es, amigos, esa era yo-

También el estúpido ruso menor.

Pasó esos meses en la casa del americano; arreglaba, limpiaba, entre otras cosas.

Si, se sentía raro allí, pues presencias desconocidas parecían vivir allí. Trataba de ignorarlas y también no perder la cabeza por saber en donde se encontraba el cuerpo de su amor platónico.

Cuándo empezó a vivir allí, cortó toda relación con el exterior; apenas y salía para comprar lo necesario en su estadía allí. Tampoco es como si tuviera que ir a alguna reunión.

Ahora mismo estaba lavando los trastes, acabó y limpió sus manos con el delantal rosado, cual decía "Best Ittalio", que traía puesto.

Dio un suspiro de cansancio, volteó para marcharse de la cocina pero dio un salto cuando vio varias cosas que no estaban en su lugar.

La comida, que había puesto en la barra de la cocina, ya no se encontraba allí, el mantel estaba corrido y arrugado, agregando que había algunas boronas de comida manchando el mantel.

Agarró su cabeza confundido, ¿Qué diablos estaba pasando allí?

Dio un grito entre sus dientes harto.

¡Hasta el punto de comerse su comida! ¡Que descaro!

— ¡¿Qué quieren de mi?! —gritó con ira.

Nada ni nadie respondió. Dio un bufido a la vez que se volteaba indignado.

Se iba a vestir bien para la boda, ya que era en la tarde.

Si, el abusivo se iba a ir con la invitación del americano. Sólo iba a ir para relajarse un poco.

Un smoking negro, nada de otro mundo. Después de unos largos e intensos minutos estaba bien vestido, agarró su celular por si alguna emergencia y bajó las escaleras, salió de aquella casa. Se detuvo un momento a observar el alrededor, bonito paisaje.

Dio un brinco cuando escuchó la puerta cerrarse, sorprendido volteó su mirada de nuevo al frente. Un taxi esperaba por él.

Extrañado se dirigió hacia el automóvil procediendo a subirse mientras se sentaba, cerró la puerta y el conductor arrancó.

No había pedido ningún taxi, mucho menos había detenido uno. Pero, su vida se estaba llenando de fantasmas, al parecer ellos lo ayudaban a llegar a la boda.

Y metido en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que alguien estaba sentado en el asiento del copiloto.

Stop here, please —mencionó el "fantasma"— .

El conductor paró el taxi allí para que descendieran del vehículo.

Bajó primero.

El conductor llamó la atención del ruso en su crisis existencial para que se bajara. Depués de unos pocos segundos, salió de su mundo, bajó del auto y, con cabeza gacha, se dirigió a la entrada.

Entregó la invitación para que la revisaran, mientras volvia a consumirse en su mundo.

— ¿Viene con usted, Sr.  USA P.? —el recepcionista señaló al ruso.

— Supongo —dijo viendo al ruso que se consumía en su interior e ignoraba su presencia sin darse cuenta— .

— Pueden pasar entonces —dio la disponibilidad de la entrada a los dos— .

El ruso siguió, aún sin darse cuenta del otro bobo.

Se separaron, uno a saludar al novio y el otro a sentarse en una esquina sin incorporase aún en el mundo exterior.

𝑨𝒏𝒐𝒓𝒆𝒙𝒚 «𝑹𝒖𝒔𝑨𝒎𝒆»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora