Quiero que seas mía

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Ya llevaba cuatro días escabulléndose de su madre, para poder pasar unas horas con Ketall, que siempre la esperaba a la entrada del grupo de solteros, y luego se la llevaba hacia otro sitio.

Pero ésta vez, Ketall la había llevado hacia una zona diferente, dónde había una especie de cabaña pequeña, de un solo ambiente.

—¿Qué es esto? —pronunció sorprendida.

—Hay algo que nos faltó hacer, y que también es parte del Kok'ta. El tercer día, a veces el segundo si queda tiempo, es para adornar la casa. Si nos hubiéramos quedado en el grupo de solteros, todos habríamos participado en adornar el edificio. Pero en las cabañas para parejas, está en cada uno adornarla como quieran. Y pues... Yo quería adornar ésta contigo.

Lo miró sorprendida, y luego río bajo.

—¿En serio? Trajiste una cabaña aquí ¿Sólo para que la adornemos juntos? Eres increíble, Ketall —sonrió—. Pero gracias por permitirme forma parte de tus tradiciones, sé que esto es muy importante para ti.

—¿Quieres hacerlo?

—¡Por supuesto! —exclamó con una gran sonrisa, viendo la cantidad de flores y semillas de colores que habían en diferentes cestos.

Él sonrió y la tomó de la mano, sin motivo alguno. Lo único que quería, era sentirla, y a ella no le importó, sólo le sonrió.

***

—Abre la boca.

Ella sonrió divertida, y abrió la boca, mordiendo suavemente aquel panecillo que habían estado preparando juntos. Según le había explicado, se llamaban touts, y eran unos bollitos de masa, rellenos de frutas.

Habían estado toda la mañana juntando frutas, y luego él moliendo los granos para hacer el harina, y así preparar la masa y el relleno juntos.

—Mm, Dios, esto sabe delicioso —gimió cerrando los ojos.

Él sonrió, viéndola masticar, y luego le acercó el resto del panecillo para que lo mordiera.

—¿Por qué tienes que dármelo tú? —le inquirió curiosa, luego de morder un nuevo trozo.

—Los Shi-e'tu deben siempre cuidar y proteger a sus Umi'et. Atenderlas, amarlas, demostrarles cuánto las aman.

—Son realmente tiernos —sonrió.

***

—Día 6—

—Hoy hace mucho calor —le dijo caminando junto a él.

La miró y luego cortó una hoja gruesa, dándosela a ella.

—Ten, para que te abaniques un poco, ya falta poco para el río.

—Gracias —sonrió tomándola, sintiendo su boca seca.

Llevaban ya una hora caminando, y estaba sedienta.

—Am... ¿Hablaste con tu mamá?

—No, pero ella no querrá que pase el último día aquí... Contigo, y mucho menos de noche.

—Claro, lo entiendo —pronunció bajo.

Lía lo miró por un momento, y luego continuó caminando. ¿Por qué quería que pasara el último día con él? No es como si necesitara que le enseñara que es lo que se hacía el último día también.

—Aquí se conocieron mis padres —sonrió.

Lía observó esa enorme cascada, que ya venía escuchando mientras se dirigían allí, y sonrió fascinada.

—¡Esto es realmente hermoso! Ojalá hubiese traído mí celular para sacar fotos, es bellísimo éste lugar.

—Sí —sonrió Ketall, tomándola de la mano para ayudarla a pasar un tronco grueso que había en el suelo.

—Nunca me hablaste de tus papás ¿Tienes más hermanos?

—Pues, mi madre odiaba a mi padre, tanto así, que cuando yo nací, ella me abandonó.

—¿Q-Qué?

—Hay muchas versiones, algunos dicen que mi padre la violó, otros que la engañó y abusó de ella, o que mi madre creyó que nada pasaría al estar con él, porque no era época de celo. Lo único cierto, es que yo nací producto de ese encuentro.

—¿Pero por qué te abandonó? No lo entiendo —le dijo desconcertada.

—Me dejó aquí —pronunció en un tono bajo, llegando hasta la orilla del rio—. Cuando me encontraron, aún estaba cubierto de sangre y la placenta junto a mí. Nadie sabe quién fue mi padre, sólo ella. Y luego de que la encontraran, y le recriminaran lo que hizo, se fue para siempre... Así que, yo no conozco a ninguno de los dos, ni a mi madre, ni a mi padre. Tal vez tenga hermanos, no lo sé.

...

KetallDonde viven las historias. Descúbrelo ahora