17. La Propuesta 1/3 (MARATÓN 1/5)

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Hoy era de esos días de los que quería que se acabaran lo más pronto posible.

Una mezcla de vergüenza e intranquilidad inundaban mi vida, me pasé las últimas tres horas cabizbajo, sin prestar atención a lo que me rodeaba, y por suerte no conseguí que me llamasen la atención, pero si yo fuese profesor lo hubiera hecho. Tenía mi cabeza en otro mundo.

En mi otra vida, en aquella que vivía en un centro diferente, la mayoría de mis días eran así. Hablar con la gente me infringía demasiada desgana, caminar por los pasillos me producía melancolía y me hacía sentir solitario, y, cómo no, los días siempre se veían grises, como si todo el mundo estuviese en contra mía.

Esas emociones terminaron resultando en un yo que iba a evitar hablar con la gente en lo que quedaba de día, porque realmente era lo último que quería.

Sólo me centré en estar con la cabeza agachada durante las clases, sin prestar atención ni al rostro del profesor, mientras rezaba para salir de ahí lo más pronto posible.

–––––––

«Corre y no mires atrás.», me dije a mi mismo en cuenta la presencia de Reiner, más pesada que de costumbre, me perseguía, o al menos así lo sentía.

Reiner, probablemente él sería con el que menos querría hablar.

Estar enfadado, o más bien raro conmigo, sin ninguna razón aparente, era algo que me empezaba a molestar de él, de momento sólo se quedó en mi mente como algo que solamente duraría un raro, quizás tendría un día un poco raro, y era algo que podía entender si se comportaba así, pero no, definitivamente no quería hablar con él, y mucho menos con su actitud actual.

¿Para qué iba a querer hablar conmigo? ¿Quizás estaba molesto conmigo, e intentaría aclarar las cosas conmigo?

Más le vale que no fuese así, adentrarme en una discusión con él sería demasiado pesado para mí.

—¡Bertolt!

Sentí cómo los pelos de mi nuca se erizaban, y más aún cuando, sin saber por qué, me di la vuelta.

Reiner se paró en frente mía. Parecía que estaba algo nervioso, y una de las palmas de sus manos estaba colocada en su cuello.

—¿Te gustaría... eh... —se trabó en medio de la frase, quizás por vergüenza o nerviosismo—... venir hoy a mi casa?

Al parecer, no iba a entrar en una discusión con él, como pensaba que sería cuando me dirigiese la palabra.

No.

Era algo peor.

¿Cómo iba a decirle que no?

Le sentiría mal, muy mal. Estaba seguro de ello.

La primera persona que se preocupa en invitarme a su casa, y es justo el único día donde no querría ir a casa de alguien que me medio preocupa.

Pensé rápidamente en qué decirle. Quizás algo rápido y directo sería lo mejor, no sé, no tenía el tiempo suficiente para pensar en algo que no le hiriese, o al menos no mucho.

—Lo siento. Tengo que cuidar de mi madre. —rechacé su oferta mientras expresaba una ligera y falsa sonrisa, y sin más me giré y seguí mi camino, sin ni siquiera atreverme a mirarle la cara.

Justo ahora me estaba replanteando si dije lo correcto, de una forma adecuada.

–––––––

La salida estaba tan cerca pero tan lejos cuando la chica llamada Pieck, de rostro pálido, espalda encorvada y cabello mínimamente desaliñado me saludó, y yo me sentí obligado a hablar con ella.

—Te ví hablar en el descanso con Jean y Marco... y bueno, sólo era para saber si estabas bien. —expresó, preocupándose por mí mientras tenía una amable sonrisa en su cara ligeramente forzada.

—No te preocupes, Pieck. Todo está bien. —me limité a sonreírle mientras le mentía, no me gustaba, pero era lo mejor para terminar rápidamente la conversación.

Pero era una mentira demasiado notable.

—No me mientas —respondió Pieck, sonando amable, a pesar de lo que me estaba diciendo—, te he visto muy decaído. Comprendo que no quieras hablar, pero...

Se detuvo para meter una mano en su bolsillo, rebuscó en él y sacó el pequeño pedazo de un folio, una forma rectangular con los bordes irregulares, indicando que había sido arrancado.

Me lo extendió, sin decir nada, y yo lo acepté, también en silencio.

Tenía un número, presuntamente de teléfono, estaba escrito en boli negro, probablemente lo hubiese hecho en clase.

—Si quieres hablar... ya sabes, ese es mi número. —y nada más que decir, se fue.

Miré para atrás, observando cómo se iba y se volvía a reunir con sus amigos, yo por mi parte utilicé un camino diferente al que usaba para ir a casa, era un poco menos largo, pero había menos gente.

𝑯𝒊𝒈𝒉𝒔𝒄𝒉𝒐𝒐𝒍 𝑻𝒉𝒐𝒖𝒈𝒉𝒕𝒔 {𝑅𝑒𝑖𝐵𝑒𝑟𝑡}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora