11

373 25 1
                                        

Joel Pimentel

Martes. Los días habían pasado rapidísimo. Me encantó que mi madre y mi hermana vinieran antes: esos días dormí abrazado a Erick, vimos películas acostados en su cama, hablamos de cosas pequeñas y grandes, y lo mejor de todo fue poder disfrutar de su carita cerca de la mía tantas veces.

-Me robas toda la cama -le reprocho en broma.

-Mala suerte, es mi cama.

-¿Así tratas a tus invitados?

-Ok, ok, ven más para aquí.

-Así me gusta -susurro, sonriendo.

-¿Tú tiras fuegos artificiales? -me pregunta de repente, con curiosidad en los ojos.

-No, tengo un perro y sé lo horrible que puede ser para ellos... y para los niños con autismo.

-Me parece bien. Yo tampoco lo hago. Pero me gusta tirar linternas voladoras, quedan hermosas.

-En este barrio, todos tiran de esas y verás lo bonito que se ve. -comento.

-¿En serio? Donde yo vivía casi nadie lo hacía. Necesito que sea de noche para verlo.

-Te aseguro que te encantará.

-No lo dudo.

-¿Vamos a desayunar? -pregunto.

-Quiero seguir acostado, descansando un rato más.

-Eres un vago, Erickin.

-Mmm, no, no... estás equivocado.

-Iré a preparar el desayuno -me levanto y me pongo una camiseta-. Te lo traigo a la cama.

-¿En serio? -pregunta, con la cara iluminada de alegría.

-Sí, pequeñín.

-Hablando de "pequeñín", dile a Jay que venga.

-Ah, sí, porque entenderá. -digo, soltando una risita.

-Obvio que entiende.

-Erick...

-¡En serio! Dile "anda con Erick" y sabrá de qué hablas.

-Si, claro.

-¿Quieres apostar algo?

-Sí, amo las apuestas.

-Lástima que la perderás.

-¿Qué apostamos? -pregunto con una sonrisa traviesa.

-Como iremos a un lugar frío, quiero que todos esos días tú prepares el desayuno y me lo traigas a la cama, para mirar películas juntos.

-¿Qué? ¿En serio?

-Sí -responde sonriéndome con esa seguridad que me derrite.

-Ok... yo quiero un beso tuyo.

-¿Qué? -responde con los ojos abiertos como platos.

Necesito besarlo.

-Sí, un beso.

-Ok, total ganaré yo -dice restándole importancia, aunque puedo notar que también le late un poco más rápido el corazón.

Ya vestido, salgo del cuarto y voy a la cocina, donde encuentro a mi madre, hermana y tío.

-Joelito, saldremos a hacer compras de los regalos.

-¿Irán los tres?

-Sí, siempre dejamos todo para último momento.

El ruido del amor - JoerickDonde viven las historias. Descúbrelo ahora