Joel Pimentel
Despierto lentamente. La luz blanca del hospital me ciega por un instante, y siento cómo cada parte de mi cuerpo protesta al intentar moverme. Me cuesta respirar, como si el aire pesara el doble.
Cuando mis ojos logran acostumbrarse, miro a mi alrededor: el silencio es absoluto, salvo por el pitido constante del monitor. A mi lado, Christopher duerme inclinado en la silla, con la cabeza apoyada en la cama.
No quiero despertarlo, pero al intentar acomodarme su cuerpo se mueve de golpe, y sus ojos se abren como si hubiera estado esperándolo.
—Oh, amigo, ¿te sientes bien? ¿Precisas algo? ¿Puedes hablar?
Me causa un poco de gracia lo rápido que dispara las preguntas, pero el dolor me la apaga enseguida. No estoy para chistes.
—Erick… —digo apenas— ¿Qué pasó con él?
El rostro de Chris cambia. Baja la mirada, respira hondo.
—Amigo… fue secuestrado. No se sabe nada hasta ahora.
Siento un vacío brutal en el pecho.
El corazón me late tan fuerte que duele.
—Debo irme de aquí. —mi voz tiembla, pero lo digo con toda la fuerza que me queda.
—Joel, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? —Chris me mira incrédulo.
—Tengo que hacer algo —repito, sin pensarlo.
—Para eso está la policía.
—Prestame tu celular —pido, con la mirada fija.
—Mmm… sí —responde, pero sé que duda.
Tomo el teléfono. Mis dedos tiemblan al marcar el número. Lo recuerdo de memoria. Sabía que algún día iba a necesitarlo.
El tono suena una, dos veces. Luego una voz.
—¿Hola?
—Es todo por tu culpa, maldito imbécil. —mi voz suena ronca, pero cada palabra sale cargada de fuego.
—¿Quién miércoles te crees para hablarme así? —responde, irritado.
—Por tu maldita culpa han secuestrado a Erick. Y vaya a saber qué mierda le están haciendo.
—Usted no sabe nada. No es asunto suyo.
—¿Está buscando a su hijo?
—Por supuesto. Y como le he dicho, no le interesa. Métase en sus asuntos.
Mi respiración se corta.
—Si Erick no aparece, considérese hombre muerto. Si Erick aparece con una sola herida, también. No me importa que luego me odie, pero por tu culpa está viviendo un infierno. Usted no sabe nada de mí, no sabe hasta dónde soy capaz de llegar por alguien que quiero.
Corto la llamada. Mis manos tiemblan. El dolor en el estómago se mezcla con otro peor: el de la rabia.
—Basta, Joel. —Christopher me arrebata el teléfono y termina de cortar—. No piensas lo que estás diciendo. El enojo te ciega.
—Es tan solo lo que pienso.
—¡No! ¡No eres así! —me grita, y esa desesperación en su voz me deja mudo—. Eres un chico bueno. Dentro de ti hay un gran corazón, no quieres ser como esa gente.
—No sabes nada, Christopher. —mi voz se rompe.
—Sé que estás enamorado de ese chico —dice, sin apartar los ojos de mí—. Sé que darías tu vida aunque apenas se conozcan. Sé que amas a Erick y que morirías si algo le pasa.
ESTÁS LEYENDO
El ruido del amor - Joerick
FanfictionErick nunca pensó que alguien pudiera desordenarle la vida con una simple sonrisa. Había aprendido a vivir entre reglas, horarios y silencios impuestos, hasta que conoció a Joel, el tipo que le enseñó a mirar el mundo con otros ojos. Pero amar no si...
