Joel Pimentel
México. Precisamente Cancún.
Tan hermoso que cuesta creer que exista un lugar así. Me estoy quedando en un hotel con vista a la playa; cada mañana el sonido del mar entra por el balcón y parece que el aire aquí es distinto, más liviano… o quizá soy yo quien intenta convencerse de eso.
Termino de desayunar y salgo al balcón con un libro entre las manos. El día está cálido, el sol se refleja en el agua y la brisa que sube desde la orilla me despeina un poco. Todo parece perfecto, y aun así, hay un hueco silencioso adentro que no logro llenar.
Abro Twitter desde el celular y escribo:
Joel Pimentel
@joelpimentelx
“¡Oh corazón mío, no te levantes para testimoniar en contra de mí!”
#rayuela #juliocortazar
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....
Cierro la app. Leer este libro siempre me recuerda a Erick. Fue un regalo hacia a él, y es imposible no pensarlo en cada página, en cada frase. No hay día en que no aparezca, aunque sea de refilón, en mis pensamientos.
Está en todo: en la música, en el viento, en la forma en que se enfría el café cuando me distraigo mirando al horizonte.
También traje el cactus que me regaló. Dudé en traerlo —pensé que el viaje podía matarlo—, pero llegó intacto. Está junto a la ventana, verde y firme, como si también se negara a dejarme solo.
Jay anda algo extraño… creo que extraña a Erick. Es curioso cómo los animales sienten esas ausencias que uno intenta esconder. En el fondo, me pasa igual que a él.
He seguido yendo a la psicóloga, como prometí. Me ha ayudado más de lo que imaginaba.
A veces me hace preguntas que me dejan en silencio, y otras me enseña a soltar lo que no puedo controlar. Creo firmemente que todos deberíamos, alguna vez en la vida, sentarnos frente a alguien que nos escuche de verdad. La vida puede ser dura, y no siempre podemos con todo, aunque queramos aparentarlo.
Por más hermoso que sea este lugar, a veces me aburro. Los chicos de la habitación de al lado me han invitado varias veces a las fiestas de aquí. Siempre digo que no, pero hoy… tal vez acepte. Quizá me haga bien distraerme un rato, reír un poco, dejar de pensar tanto.
Dejo el libro a un lado y empiezo a ordenar la habitación. Mientras guardo unas cosas, veo una de mis guitarras —mi compañera de siempre, la que nunca me abandona— y no puedo evitar sonreír.
La tomo, me siento en la cama y toco un par de acordes. A veces me gusta pensar que la música entiende lo que ni yo sé explicar.
Estoy haciendo tiempo antes de una videollamada con mis profesores. Sigo estudiando, aunque ya me queda poco para terminar. Ser profesor de gimnasia fue siempre mi plan B, pero últimamente empiezo a pensar que quizás sea mi camino real. Me gusta enseñar, ver cómo otros avanzan. Tal vez eso sea una forma de sanar también.
De pronto me sorprendo tarareando una canción de Camilo.
Abro el celular y la dejo sonar mientras miro al mar:
“Si por cosas del destino
un día tú y yo nos despedimos…”
Cierro los ojos y dejo que la letra me atraviese.
Qué ironía, ¿no? Escuchar sobre despedidas cuando aún sigo aprendiendo a soltar una.
“Y aunque te den el doble de caricias
y el triple de los besos que te di…”
Suspiro.
Ay, Camilo… si supieras. Tus canciones son una punzada dulce.
El celular vibra.
Un mensaje nuevo. Tentador.
Y aunque no lo hubiesen mandado, yo ya sabía qué iba a hacer.
Porque a veces, uno necesita dejar de pensar tanto y simplemente… dejarse llevar.
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Editado.
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El ruido del amor - Joerick
FanfictionErick nunca pensó que alguien pudiera desordenarle la vida con una simple sonrisa. Había aprendido a vivir entre reglas, horarios y silencios impuestos, hasta que conoció a Joel, el tipo que le enseñó a mirar el mundo con otros ojos. Pero amar no si...
