Joel Pimentel
Despierto con la luz colándose entre las cortinas y lo primero que veo es a Erickin, profundamente dormido a mi lado. Su respiración es tranquila, el cabello revuelto, y una parte de la manta le cubre apenas el hombro. Son las ocho, y el cansancio todavía me pesa: anoche nos dormimos tarde.
Con cuidado, me levanto de la cama. El piso está frío, así que me apresuro a tomar ropa limpia y entrar al baño. El agua tibia de la ducha me despeja, y al salir, con el cabello todavía húmedo, miro el reloj. Es hora.
—Pequeño, debes levantarte —le digo desde la puerta, con una media sonrisa—. Tenemos un viaje de una hora.
Erick apenas se mueve entre las sábanas, murmurando:
—Bien… ya va.
—Estaré bajando los bolsos —le aviso, mientras ajusto la correa de la mochila.
Cargo dos mochilas mías y dos suyas; suficiente para una semana. Al bajar, me encuentro con mi tío en la sala, ya vestido con ropa deportiva.
—¡Buenos días, sobrino! —saluda con energía.
—Buenas… ¿qué haces levantado tan temprano?
—He decidido salir a correr —responde con una sonrisa tranquila—. Pero también quería hablar contigo.
—¿Sí? ¿Sobre qué?
—Hablé con el padre de Erick. Me dijo que le escribiste hace un tiempo.
Me quedo quieto, esperando lo que viene.
—Sí, lo hice —respondo.
—Lo llamé —continúa, con voz firme—, porque a partir de hoy tú estarás a cargo de Erick.
—¿Yo? —parpadeo sorprendido.
—Sí. Me iré con tu madre y estaré fuera unos cinco meses. Pude convencer a Williams de que el chico siga aquí contigo y no se vaya con él. —Su mirada se endurece un poco—. Aprovecha esta oportunidad y cuídalo.
Por un instante, me quedo sin palabras.
—Está bien… ¿qué debo firmar?
—Toma, aquí —dice, extendiéndome los papeles—. Luego los envío por correo.
Asiento y firmo.
Una hora después, Erick y yo estamos en el auto, con Jay en el asiento trasero, inquieto por el viaje. Pasamos por una cafetería, donde pedimos dos capuchinos y cuatro medialunas.
—Así que estás a mi cargo —le digo con una sonrisa, haciendo un guiño.
—Es raro, pero… si eso significa que puedo seguir aquí contigo, me parece bien —responde con una sonrisa suave, mirando por la ventanilla.
Mientras conduzco, lo observo a ratos. Sus ojos siguen el paisaje con un brillo infantil, como si todo fuera nuevo.
—Nunca fui de vacaciones a un lugar con nieve —dice, sin apartar la vista del camino blanco.
—Siempre hay una primera vez —respondo, sonriendo.
—Y qué mejor que contigo.
—Lo mismo digo.
—Y con el pequeño Jay —añade, riendo mientras acaricia al cachorro.
No puedo evitar mirarlo con ternura. A veces parece tan frágil, aunque sé que no lo es. Hay algo en él que me impulsa a querer protegerlo, abrazarlo, mantenerlo a salvo de todo.
—¿Cómo es la cabaña? —pregunta curioso.
—No muy grande. Tiene un cuarto con cama matrimonial, un baño con jacuzzi, y una cocina comedor.
ESTÁS LEYENDO
El ruido del amor - Joerick
FanfictionErick nunca pensó que alguien pudiera desordenarle la vida con una simple sonrisa. Había aprendido a vivir entre reglas, horarios y silencios impuestos, hasta que conoció a Joel, el tipo que le enseñó a mirar el mundo con otros ojos. Pero amar no si...
