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Joel Pimentel

Despierto por un golpe fuerte en la puerta. Me levanto como puedo y voy hacia ella.

—¿Sí? —pregunto.

—Buenos días, me llamo Beti, soy ayudante en la cocina. Hailey me dijo que le trajera el desayuno, se enteró de que volviste después de mucho tiempo.

—Ah… sí… emm, no quiero, pero agradécele de mi parte.

—Me ordenó que se lo diera igual.

—Uff, está bien, déjalo aquí. —Me hago a un lado para que pase con el carrito.

—Cuando quiera que retire las cosas, solo llame.

—Ok, gracias.

—Adiós.

Cierro la puerta y me tiro nuevamente en la cama. En este edificio, con su restaurante abajo, la gente adinerada apenas se mueve: todo les llega hecho, desayunos, almuerzos, cenas. Yo apenas tengo ganas de vivir.

Con esfuerzo, abro la cortina. El sol entra y me recuerda que Erick sigue allá afuera, y que debo encontrarlo. No puedo pensar en otra cosa: si no lo encuentro rápido, todo estará mal. Y si lo encuentro pero no como quiero… el miedo me consume.

—¿Sí? —pregunto al atender la llamada de un número desconocido.

—¿Joel Pimentel?

—Sí, ¿quién habla?

—Richard Camacho, amigo de Erick. ¿Lo conoces?

—Sí… Erick me dio tu número una vez, por cualquier cosa.

—Te llamo porque hace dos días que intento comunicarme con él. Nada. Ni redes, ni mensajes. Su padre tampoco contesta. Estoy preocupado.

—Erick… —susurro, mi corazón se acelera.

—¿Está todo bien?

—Lo secuestraron. Su padre es un narco grande, tiene muchos enemigos… debe dinero a otra mafia. —confieso. No falta mucho para que toda la verdad salga a la luz.

—Maldita sea… Necesito ir allá. ¿La policía, el padre están haciendo algo?

—Supongo… del padre no esperes mucho. Puede que pague un rescate, pero no garantiza que Erick quede libre.

—Lo sé, es un mierda.

—Investigo, cualquier novedad te aviso.

—Gracias… hasta pronto.

Al finalizar la llamada, le marco a Christopher

—Amigo, ¿cómo van las cosas?

—Ahí… parece que Zabdi tiene algo.

—¿Dónde?

—Hablamos mañana, nos reunimos con él y su gente.

—Perfecto, genial.

Mi estómago ruge de hambre. Me acerco al carrito: jugo de naranja, tostadas, panqueques, tocino y huevos. Fríos, pero me los como de cualquier manera.

El ruido del amor - JoerickDonde viven las historias. Descúbrelo ahora