Capítulo 17-. Alejarme de él.

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Con la espalda pegada a la puerta y mi temblorosa mano aún sujetando la cerradura tomé un largo y profundo respiro. Creí que lo más complicado ya había pasado, pero sin lugar a dudas el dolor de mi pecho se acrecentó una vez que me vi fuera del cuarto sin saber qué hacer. Las lágrimas se acumulaban amenazadoramente en la comisura de mis ojos, por lo que incliné un poco la cabeza hacia atrás y pestañeé un par de veces hasta que no quedara evidencia de mi pena.

Sentía un enorme vacío en mi pecho después de mi elección y temía que no volvería a llenarse hasta que no volviese con Eric nuevamente. El gran problema es que yo no pretendía volver con él, no mientras mi vida corriera tanto peligro a su lado. Además, si yo decidía quedarme con él, solo sería un estorbo. ¿Por qué? Lógico. Si estábamos en medio de un ataque Eric también intentaría cuidar de mí, lo que podría distraerlo y hacerlo vulnerable ante sus enemigos. Yo no sabía si él era el bueno o malo de la historia, pero no me importaba aquello, solo me interesaba que estuviese a salvo y luego de esta elección esperaba que así fuese.

Volví a ponerme el bolso en mi espalda y caminé por el pasillo, que se me hizo mucho más largo de lo normal, hasta llegar a las escaleras. Me detuve allí dos segundos para oír dónde estaban los demás, ya que no pretendía toparme con ellos, ni que se enteraran de mi intento de escapar. Cuando estuve segura que estaban todos lejos comencé a bajar silenciosamente, apoyando solo la punta del pie en los escalones y muy atenta a las voces de los chicos. La mejor opción era salir por la puerta de la cocina pues daba directamente al bosque, por lo que caminé cuidadosamente hasta allí.

— ¿Qué habrá hecho para recibir tal amenaza?—me detuve al oír la voz de Damien dentro de la cocina.

—Es una buena pregunta—le contestó Faye, al mismo tiempo que sonaba el chirrido de una silla moviéndose. —Estoy muy nerviosa con todo esto—refunfuñó la pelirroja.

—Ven aquí—la dulzura en la voz de Damien me sorprendió. —Todo estará bien, ya verás—habló luego de unos segundos de silencio.

Curiosa me asomé un poco por el marco de la puerta y vi la escena. Damien estaba sentado sobre uno de los muebles de la cocina abrazando a Faye, quien permanecía de pie. Ante la romántica imagen tuve sentimientos encontrados, pues por un lado estaba feliz por Damien que había logrado avanzar en su conquista, mientras que por el otro sentí muchos celos. ¿Por qué ellos podían vivir su amor pese a todo lo que estaba pasando? Por más que me matara ver como él la tomaba entre sus brazos, yo no podía quitar la mirada de ellos.

— ¿Nora?—me giré abruptamente cuando oí la voz de Kian tras de mí.

—Me has asustado—le critiqué en un susurro para no llamar la atención del morocho y la pelirroja.

— ¿Por qué estás con el bolso?—su pregunta sonó más como una acusación.

La verdad es que no supe que responderle sin que él se alterara. Yo lo conocía perfectamente y tenía más que claro que se molestaría por mi inmadura decisión de escapar al bosque en busca de ayuda para volver a casa, como también por no haberlo integrado en el plan. Pensé varias maneras de esquivar el tema, pero él siempre se daba cuenta cuando mentía por lo que esa no era una escapatoria, lo único que me quedaba por hacer era contarle y escuchar su opinión.

—Vamos a otro sitio—le hice un gesto para que viera dentro de la cocina, dándole a entender el porqué quería buscar otro lugar para charlar.

Los nervios me estaban matando por dentro con cada paso que daba, presintiendo la molestia que causaría en Kian mis confesiones. De todas maneras me mantuve firme y caminé hasta las escaleras. Cuando llegamos hasta allí le ofrecí que subiéramos, pero él fríamente rechazó mi propuesta y se sentó en el primer escalón. Mi mejor amigo estaba listo para comenzar la conversación, pero yo no lo creía así, ya que era evidente que él seguía molesto por nuestra discusión anterior.

Atraída por el peligro.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora