Los secretos son volcanes que tarde o temprano harán erupción dejando destrucción, dolor, sufrimiento, pérdidas y heridas que quizás nunca cicatricen.
El volcán está apunto de hacer erupción, y quizás -sólo quizás- alguien logre sobrevivir al desas...
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25 de marzo de 2016. Domingo.
Bastián Russell.
—No, Bastián, ella no está conmigo, le llame a las demás y tampoco la han visto —musita Katia, la hermana de Kyden.
Dejo salir aire por los labios.—Gracias, Katia, si sabes algo no dudes en llamarme.
Corto la llamada, mi madre me mira esperando una respuesta, su semblante preocupado y cansado. Niego con la cabeza.
—No, ellos no saben dónde está —le aviso.
Mi madre maldice por lo bajo. Son la 1:00 de la tarde y Alessia ya se está metiendo en jodidos problemas. Desapareció desde las 7:00, ni siquiera pudo dejarme dormir bien, no puedo esperar a que fuera un poco más tarde para joderme el día.
Me paso las manos por la cara. Ya fui a buscarla a los lugares que más frecuenta que son los bares más lujosos de la ciudad, nada. No hay nada. Tampoco es como que los bares comiencen desde las jodidas 7:00 de la mañana a servir alcohol.
—Tranquilízate, hijo, ya tenemos gente buscándola, aparecerá. Siempre lo hace —me anima mi madre. Escucho a mi papá bufar por lo bajo, primero lo veo a él y luego a mi mamá. Ella está suplicándome con la mirada que no empiece una pelea con papá.
—¿Quieres un té? —cuestiona Mary, mi nana. Asiento con la cabeza, ella camina hacia la cocina y yo decido seguirla y dejar solos a mis padres.
—¿Dónde crees que se metió esta vez, nana? — cuestiono con voz ronca.
—No lo sé, mi niño, pero no logras nada exaltándote —la miro mientras prepara el té en silencio —, sé que te sientes culpable, pero no puedes controlar todo. No siempre vas a entender todo, y tampoco tienes que intentar hacerlo porque eso no sería vida, Bass. No tienes que sentirte culpable de malas decisiones si tú no las tomaste, ¿de acuerdo?
Muerdo mi labio inferior, me encojo de hombros y ella sonríe mientras niega con la cabeza.—Eres una cabeza hueca —no puedo evitar sonreír ante su comentario.
Me da el té y comienzo a tomármelo despacio, pero fracaso completamente cuando mi teléfono comienza a vibrar avisándome que tengo una nueva llamada, veo la pantalla.
Aleshka.
—¿Encontraste algo? —es lo primero que pregunto.
La escucho soltar aire.—No, busque en los bares que me dijiste, pero algunos aún están cerrados y en los otros hay poca gente, aún así Alessia no está en ninguno de ellos —explica ella.
Paso una mano por la cara con frustración, esa mujer va acabar con mi vida o con mi salud mental. —Bien, si sabes algo, llámame —corto la llamada, Mary me mira esperando que le explique, niego con la cabeza —, nada. No está.