- ¡Escúchame bien Ryeowook! - gritó con frustración.
- ¡No escúchame tú, no voy a casarme!
- ¡Si te vas con ese truhán dejaras de ser mi hijo!
- Entonces no soy tú hijo.
Yesung sonrió con suficiencia desde la proa del barco, viendo como su princi...
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- ¿Capitán, ha dicho?
- Exactamente – afirmo sosteniendo su mirada con una sonrisa arrogante en el rostro.
Ryeowook le dedico una mirada de coquetería, llevando sus ojos al suelo, sonrió discreto, antes mirarlo de nuevo y batir sus largas pestañas. El hombre lo miro con deseo, con una mirada cargada de lujuria que removió las entrañas del castaño.
- ¿y el capitán tiene un nombre? – pregunto sin romper el contacto visual.
- Me temo – se disculpó él, aunque su voz no reflejaba la más mínima culpa -. Que oírlo saldrás corriendo.
- ¿me enfrento a un pirata, entonces? - indago Ryeowook sin tapujo alguno.
- ¿eso le alejaría de mi lado?
- En lo absoluto – sonrió en grande.
- Entonces – el hombre se inclinó noventa grados en su dirección -. Mi nombre es Yesung.
- Me temo que debería sonarme su nombre, sin embargo, le aseguro que no lo he escuchado en mi vida, señor Yesung – aseguró Ryeowook, un tanto decepcionado, en su fuero interno esperaba un nombre aterrador al oírse, en cambio, Yesung sonaba como un dulce prometedor y se sentía como una suave caricia.
- Sus palabras me consuelan, señorito...
- Choi Ryeowook – se presentó, reverenciando ante el sensual hombre, al descender no evito perfilar el cuerpo del capitán, fornido, sin llegar a ser grotesco.
- ¿el hijo del hombre más rico del condado? – preguntó intrigado.
- En efecto - concedió-, ahora que ha preguntado, supongo que hay confianza entre nosotros, pero he de informarle que pronto he de volver a las calles principales, si no quiero una tunda por desaparecer en un precario camino.
- ¿Qué le hace pensar que no lo retendré? – pregunto Yesung, peligrosamente cerca del castaño.
Ryeowook abrió la boca un par de veces, demasiado ofuscado por no saber que responder, respiro una vez antes de decirse a sí mismo que de haber querido dañarlo, Yesung ya lo habría hecho.
- Me parece, caballero, que de haber querido dañarme, ya lo hubiera hecho – sonrió ladino.
- Una buena observación, ¿me permite acompañarlo hasta la entrada a las precisas calles empedradas? – pregunto tendiéndole el brazo.
- Sería un placer – admitió enganchándose a él.
Apenas avanzaron unos metros en silencio cuando Ryeowook hablo.
- Me gustaría verlo de nuevo, Capitán – pronuncio con los ojos cargados de esperanza.
- Creí que los jóvenes donceles se abstenían de declarse a un hombre – dijo burlón.