Se estaba haciendo de noche y Charlotte y Adam seguían en el parque, habían hablado sobre ellos todo el tiempo. Adam le había explicado porqué viajó en esa fecha, y Charlotte le contó porqué no estaba completamente segura que era él quien le enviaba los obsequios.
Sabían que debían hablar sobre el futuro, pero ninguno de los dos se atrevía a mencionar el tema. Después de todo, Adam regresaría a casa al día siguiente.
- Supongo que no te he preguntado algo importante – dijo Adam - ¿Te gusta el romance? Me refiero a esto – dijo señalando las parejas que habían en el parque – Que la gente vaya por ahí con muestras públicas de cariño, dando regalos sin sentido a cualquier hora, y compartiendo hasta los chicles.
Charlotte sonrió, él había hecho una cara de disgusto cuando dijo lo último, pensó que ella nunca había sido muy expresiva en ese sentido, pues no era de hablar mucho de sus sentimientos. Pero no le molestaba el romance, al contrario, le encantaba; quería mandar cartas y poemas, dar regalos sin razón aparente, y andar por ahí presumiendo el amor que compartía.
- La verdad si me gusta. Sabes que leo, y me gustan esas novelas románticas de siglos pasados, donde las parejas se escribían cartas, se escapaban para ir al cine y se daban besos largos bajo la lluvia.
Lo miró, se veía como si quisiera seguir escuchándola, pero a la vez se veía nervioso. Charlotte siguió hablando, pero escogió muy bien sus palabras.
- Cuando quieres a alguien se lo tienes que demostrar, no tiene que ser un gesto gigantesco, pero es en los pequeños detalles que le muestras a otra persona que la quieres. Como lo que hiciste hoy conmigo – le dijo – no me diste cosas extravagantes, me enviaste cosas pequeñas, pero que sabías que me gustan de verdad.
- Solo pensé en las cosas que me dijiste que te gustaban, y en lo que Sergio logró averiguar con tu hermana.
- Si lo piensas bien, hiciste todas esas cosas románticas que hace un segundo estabas criticando – contestó ella y sonrió.
Adam le sonrió de vuelta y le dio un corto beso en la mejilla. Se quedaron en silencio por unos minutos y luego decidieron que era mejor volver a casa antes de que fuera más tarde.
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Cuando llegaron a la casa de Charlotte, Emily estaba sola en la sala viendo televisión.
- ¡Pero si son los tortolitos! – Exclamó emocionada - ¿Dónde estuviste toda la tarde Charlotte? ¿Acaso tu hermana no merece que la acompañes en el peor San Valentín de su vida?
Charlotte rodó los ojos e ignoró sus preguntas. En vez de contestarle, le preguntó por Sergio.
- El pobre se fue hace rato, la chica que le gusta lo llamó, y le dijo que hoy se iba del país. ¿Pueden creerlo?, justo hoy.
- ¿Laura se fue hoy? – Dijo Adam en tono triste – Vaya, debe estar destrozado, debería llamarlo.
Charlotte asintió y él salió a llamar a su mejor amigo. Sabía que quedar sola con Emily era un gran riesgo, no quería preguntas en ese momento; se apresuró a subir a su habitación para cambiarse e ir a cine con Adam.
En el momento en el que bajaba las escaleras, Adam entraba después de hablar con Sergio. Tenía la mirada triste y confusa a la vez.
- Oye, sé que dijimos que queríamos ir a cine en modo cita, pero Sergio está demasiado triste, y es mi mejor amigo – hizo una pausa - ¿Te molestaría cambiar de planes para incluirlo?
Charlotte iba a responder pero Emily se adelantó:
- Char, sé que quieres estar con Adam, pero piensa en todo lo que Sergio hizo por ustedes; podemos decirle que venga, y vemos una peli entre los cuatro. Los enamorados y los dos amigos con el corazón roto en San Valentín.
Charlotte no tuvo que pensarlo, le dijo a Adam que lo llamara de nuevo y mientras eso ayudó a Emily a preparar bocadillos.
Minutos más tarde Sergio llegó, y los cuatro se pusieron a ver televisión. Ninguno estaba viendo realmente, todos tenían la cabeza en otro lugar, o mejor dicho, en otra persona. Emily estaba pensando en lo mucho que extrañaba a Steve, y Sergio pensaba en cómo Laura le había roto el corazón.
Charlotte estaba recostada en Adam mientras pensaba en cómo su sueño más cursi se había hecho realidad justo ese día. Había encontrado a alguien dispuesto a hacer cosas románticas por ella, le había dado el mejor San Valentín de su vida, y lo quería, lo quería de verdad.
Adam por otra parte, pensaba en el día siguiente, tendría que volver a su casa y dejar atrás a la chica que quería. Charlotte era eso que había esperado encontrar durante toda su vida, no quería irse, pero debía. Aprovecharía cada segundo que le quedaba al lado de Charlotte, y se aseguraría de encontrar una manera para estar con ella a pesar de la distancia que los separaba.
Seguía pensando en ella, cuando sintió como se recostaba más sobre él y se quedaba dormida. Era la mujer más bella, sincera e inteligente que había conocido, y no la iba a perder. No lo haría.
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A 400 TEXTOS DE DISTANCIA
RomanceA veces te encuentras con la persona perfecta en la distancia equivocada.
