Capítulo XXXII

3.8K 155 4
                                        

Margot

Quentin se aleja de mis labios y me da un beso en la mejilla, todas las personas a nuestro al rededor están aplaudiendo y felices por nosotros, acabo de casarme.

La mano de Quentin se entrelaza con la mía y caminamos por el pasillo directo a la carpa de la fiesta, el vestido es muy fácil de caminar a pesar de su tamaño, al pasar por la carpa Quentin y yo nos sentamos en los lugares de honor y esperamos a que el resto de los invitados tome su asiento.

—Ahora eres Margot Sting, ¿Podrías alguna vez estar más feliz? —dice Quentin tomando mi mano y dándole un beso.

—Si, algún día seré más feliz y tú sabes que día será —le digo con una sonrisa.

— En nuestro divorcio.

Asiento y Quentin sonríe, se ve un poco serio, pero eso lo hace verse más guapo, no sé si es porque usa el traje a la perfección y medida o sea porque realmente es guapo.

Los invitado terminan de acomodarse, durante ese tiempo muchos nos han traído regalos a la mesa; cheques, dinero en algún sobre, alguno que otro adorno para nuestro hogar. La mayoría se presenta conmigo y saludan animados a Quentin, todos son sus socios y empleados, personas que admiran el ingenio de mi esposo.

—Es una mujer muy bella, señora Sting —dice el padre de Santiago, Gustavo Reinoso

—Muchas gracias, señor Reinoso — le digo un poco sonrojada.

— Les deseo toda la felicidad y un próspero matrimonio, espero que alguna vez me visiten en Sicilia, tengo una casa muy hermosa que les vendría bien, esta junto al mar, perfecto para pasar el día — el señor Reinoso dice sonriendo y me parece que sabe algo que yo no. — En fin, acepten este presente de mi parte y de mi hijo, que lamentablemente tuvo que volver a Irlanda, pero les manda felicitaciones.

Gustavo Reinoso nos da una caja roja a Quentin y a mi, dentro hay un gran medallón, es dorado y parece tener muchas ataduras.

—Es un Nudo Celta, representa el amor eterno —nos explica el padre de Santiago.

Quentin y yo le agradecemos, Gustavo Reinoso se retira orgulloso de su regalo, lo cual me parece un regalo muy original, aunque inadecuado.

La fiesta continua con la comida y las bebidas, casi no toco mi comida, creo que voy a morir si como un bocado más, Gabriella se aseguró que comiera lo suficiente como para no tener hambre el resto del día y creo que así va a ser. Quentin en cambio come lo que puede.

—Eres muy delgado para la cantidad de comida que ingieres, ¿Lo sabías? — le digo a Quentin cuando se termina su plató.

—Creo que es por los nervios, además no quiero dejar pasar nuestra recepción.

—Ya, creo que la comida es buena, pero no tanto como tus brownies.

—Son mi especialidad, claro que sí le pongo un ingrediente más serían aún más deliciosos —dice Quentin con una sonrisa cómplice.

La fiesta continua bien, hasta que Quentin se pone de pie y toma mi mano, es momento del primer baile con él como marido y mujer. Quentin toma mi cintura y me acerca a él, la música comienza a sonar, es una canción un tanto lenta, pero seguimos los pasos de baile que aprendimos gracias a Gabriella.

—Te tengo una pequeña sorpresa — me dice Quentin al oído. — Sé que te dije que no tendríamos Luna de miel, pero me arrepentí después.

—Quieres decir que, ¿Vamos a tener una Luna de miel? — le pregunto viéndolo a los ojos.

IF WE MARRIEDDonde viven las historias. Descúbrelo ahora