La conversación entre Diana y Kara se había convertido en un refugio dentro de la fiesta. El tiempo parecía doblarse a su alrededor, ignorando el ruido del resto de los invitados.
—¿Algún día podré visitarte? —preguntó Diana, su voz era una caricia firme.
—Por supuesto —respondió Kara, buscando apresuradamente un papel—. Ten, mi número. Aunque... —hizo una pausa, su sonrisa se ensanchó—, dudo que mi operadora tenga cobertura en tu universo.
Diana soltó una risotada genuina.
—Buen punto. Entonces, lo mejor será que tú vengas al mío. Te gustaría mi hogar, Kara.
—Estoy segura de que me encantará —confesó la kryptoniana, sosteniéndole la mirada con una valentía que no le daban sus poderes—, más si tú estás en él.
La promesa de un nuevo encuentro quedó suspendida en el aire hasta que el estruendo de la realidad la rompió. Alex Danvers apareció tambaleándose, con la mirada nublada por el exceso de alcohol y una sonrisa de satisfacción que solo Sara Lance sabía provocar.
—Hermanita... —arrastró las palabras Alex, deteniéndose frente a ellas—. ¿Quién es esta belleza?
Diana se sonrojó ligeramente, una reacción casi humana en la guerrera eterna.
—Hola. Soy Diana Prince.
—Alex, por favor, compórtate —rogó Kara, sintiendo que sus mejillas ardían de vergüenza.
Pero Alex ya estaba perdida en la contemplación de la Amazona. Sus ojos recorrieron a Diana con una mezcla de asombro y deseo desinhibido.
—¡Oh, por Dios! —exclamó la mayor de las Danvers.
—¿Ella también tiene poderes? —preguntó Diana, divertida por la situación.
—El único poder que tengo es el lesbianismo —sentenció Alex con una solemnidad cómica—, y tú... tú me lo acabas de activar por completo. ¡Danos un besito!
Kara intervino antes de que su hermana hiciera algo más que vergonzoso. Con una disculpa rápida, decidió escoltar a Alex hacia su habitación en el hotel, mientras Diana, con una amabilidad infinita, se ofreció a acompañarlas. Tras una breve lucha contra la gravedad y la terquedad de Alex, lograron acostarla.
Cuando Kara salió de la habitación tras cambiar a su hermana a su pijama, encontró a Diana esperándola en la sala pequeña. La luz de la luna entraba por la ventana, bañando a la Amazona en un aura plateada.
—Lamento mucho lo de mi hermana —susurró Kara.
—No te preocupes. Se nota que es un alma alegre —respondió Diana, acercándose un poco más—. Sobre lo de antes... realmente quiero ir con ustedes. Quiero conocer tu mundo, tu ciudad... y a tu madre.
El abrazo que siguió fue largo, de esos que parecen detener el pulso del universo. Kara se hundió en el aroma de Diana, un perfume que evocaba tierras antiguas y mar. Antes de despedirse, Diana dejó una frase que persiguió a Kara hasta sus sueños:
—Te ves tan hermosa cuando sonríes.
A las tres de la tarde del día siguiente, Central City despertaba de su resaca colectiva. Kara, ya despierta y vestida, se encontraba frente a la puerta 345. Le tomó tres intentos armarse de valor para tocar. Cuando la puerta se abrió, su aliento se detuvo.
Diana apareció con el cabello revuelto, vistiendo solo unos boxers ajustados y una blusa de algodón que dejaba poco a la imaginación.
—Hola, Diana... —balbuceó Kara, sintiendo que sus rayos X eran lo último que necesitaba en ese momento—. Me preguntaba si... ¿querrías desayunar conmigo?
—Claro que sí. Pasa, por favor —Diana sonrió, notando el sonrojo de la rubia—. Perdón por el aspecto, no esperaba visitas tan temprano.
Decidieron quedarse en la habitación. El desayuno se convirtió en una cita improvisada entre café, risas y confesiones. El tiempo, ese enemigo de los héroes, voló hasta que el reloj marcó las cinco de la tarde. Regresaron a la habitación de las Danvers, donde Alex intentaba reconstruir su dignidad con un vaso de agua helada en la mano.
—¿Dónde estabas? —preguntó Alex, con la voz rota por la resaca.
—Desayunando con Diana —respondió Kara, cruzándose de brazos—. Deberías sentir vergüenza. Casi tienes relaciones en público con Sara y le dijiste cosas... incómodas a Diana.
—¿Quién es Diana? —preguntó Alex, confundida.
—Hola de nuevo, Alex —saludó Diana desde el umbral.
Alex se quedó helada.
—Eres muy guapa.
—Gracias —rio Diana—. Por lo visto, eres coqueta tanto sobria como ebria.
La conversación giró hacia otros rumbos cuando Alex, con su honestidad brutal de resaca, preguntó por Lena.
—De ella jamás me olvido —admitió Kara, aunque sus ojos volvieron rápidamente a Diana—. Pero no es mi novia.
El ambiente se volvió más ligero cuando Barry Allen llamó a la puerta. Traía consigo dos pequeños dispositivos que Cisco había diseñado: portales portátiles.
—Con esto podrán cruzar las Tierras cuando quieran —explicó Barry con entusiasmo—. Serán un equipo increíble.
Tras la partida de Barry, Diana comenzó a prepararse para su propio regreso. El deber la llamaba de vuelta a su mundo, pero sus ojos decían que una parte de ella se quedaba allí.
—Tengo asuntos que resolver —dijo Diana, deteniéndose frente a Kara—. Pero si todo sale bien, nos veremos en un par de días en tu ciudad.
Se acercó a Alex para despedirse con un gesto elegante y luego se volvió hacia Kara. No hubo un "adiós" formal. Diana se inclinó y depositó un beso suave, lento y cargado de intención justo en la comisura de los labios de Kara.
—Te esperaré allá —logró decir Kara, con el corazón martilleando contra sus costillas mientras veía a la Mujer Maravilla cruzar el portal y desaparecer, dejando tras de sí solo el rastro de una sonrisa prometedora.
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Luthor vs Prince. (TERMINADA)
FanfictieKara está dividida. Una parte de ella insiste en perseguir un amor que nunca ha sido suyo, uno que la mantiene en la incertidumbre y el deseo constante. La otra parte sabe que existe alguien que la ama sin condiciones, que la espera sin exigirle con...
