Todos me engañan. Todos dicen apoyarme, pero luego nadie cuenta conmigo para nada. En el fondo me desean lo peor. ¿Quién no lo haría? Soy un lastre. Pequé y soy culpable de todos mis errores.
Gritos a un adolescente de catorce años que llevaba en sus manos un bastón de mando. La persona que le gritaba y le culpaba era él mismo de mayor. Lloraba amargamente mientras ese niño, cabizbaja, se tapaba los oídos.
Exorcista, te pediría que castigues mis pecados. Te pediría que me condenes y me destierres, pero no soy capaz de formularlo. Necesito reconciliarme con mi pasado
