Suspiras aliviado por seguir esa puerta. Las heridas van cicatrizando reduciéndose cada vez más el dolor. Miras atrás viendo todo el recorrido que has hecho, las lágrimas derramadas se iban reduciendo. Una sonrisa se dibujaba en tu rostro.
Te levantas e intentas caminar hacia adelante con el frío recuerdo de todo lo que ha pasado. El demonio ya no está, afortunadamente. Orgullo de lo que fuiste y de lo que eres. Una vez más, venciste a lo imposible.
