Esto es lo más horrible que he visto.
Les contaré, la abuela de Zuri decidió ver una película de acción, pero era sobre unos soldados que estaban en una guerra (así que había bombas que hacían explotar a las personas). Intentaba estar tranquila, obviamente era inútil. Sentía ganas de vomitar.
¿Cómo les gusta esto?
Realmente no tenía ganas de comer palomitas (en general nada). Tomaba fuerte la mano de Zuri.
Al salir de la sala las más felices eran Zuri y su abuela. Hablaban animadamente sobre lo mucho que les había gustado la película.
¿Cómo les puede gustar ver sesos y desmembramientos?
-¿Recuerdas cómo saltó el general para salvar a uno de su equipo?- Preguntó Zuri.
-Fue genial -dijo su abuela-, lástima que a tu novia no le haya gustado como a nosotros, pero en fin, era obvio que no le iba a gustar, adivinaré, sus películas favoritas son de amor.
Empezó a reírse. Me crucé de brazos.
-Bueno sí, pero son sus gustos abuela, si no le gusta el terror ni la acción no la voy a obligar a verlos.
-Está bien, no seguiré hablando de eso si te hace enojar... En fin, ¿pueden esperarme? No tardo.
Se fue hacia quién sabe dónde.
Era algo tarde y en la calle casi no pasaba nadie.
Ojalá no pase nada.
-Lo siento Eli, a veces mi abuela puede ser así, pero no lo hace con malas intenciones.
-No me molesta si ella es así.
Sonrió.
Un chico con chamarra negra se nos acercó.
-Denme todo lo que tengan.
¿Por qué?
¿Por qué a mí?
Quería acercarse a mí.
Ya valió.
Zuri lo golpeó y terminó en el suelo. Pelearon un rato.
Zuri lo noqueó.
Qué bien.
De la que me salvé.
La policía se llevó al chico.
La abuela de Zuri llegó con dulces.
-Les traje esto, ¿y ahora? ¿Por qué esas caras?
-Intentaron robarnos.
-¿Le diste un paliza verdad Zuri?
-Claro que sí, obviamente no lo iba a dejar irse así.
-Estoy orgullosa de ti.
-Zuri -dije-, estás sangrando.
Zuri y su abuela vieron su herida. No dejaba de salirle sangre.
>>Llama a la ambulancia.
Su abuela sacó rápido su celular.
∆∆∆
Su abuela y yo estábamos en la sala de espera del hospital.
No dejaba de dar vueltas en mi lugar.
-Siéntate que me estás mareando.
-No puedo, necesito saber cómo está.
-Yo también, pero siéntate, así no vas a lograr nada.
Me senté.
Un doctor se nos acercó.
-¿Son familiares de Zuri?
-Yo sí -dijo su abuela-, ella viene conmigo.
-Bien, pueden pasar.
Caminamos detrás del doctor.
Zuri estaba en una camilla. Su abuela tomó la mano de Zuri.
El doctor se salió.
-Están exagerando -dijo Zuri-, solo fue una pequeña cortada.
-Mi nieta, siempre tan fuerte.
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No lo digas (Completa)
Teen FictionMis padres toda la vida me habían inculcado la iglesia como un ejemplo a seguir, pero no creí que podría ser más valioso para ellos Dios que su propia hija, incluso dijeron que ardería en el infierno.
