Cap 24

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_Heriberto, hola. -lo saludó Camila desviando la mirada de la escena que había contemplado en silencio por unos segundos.
_Mi vida, ven, quiero presentarte al hombre que salvó mi vida. -expresó Victoria con una sonrísa.

Heriberto se acercó hasta quedar alado de su esposa, y observó al hombre que estaba parado frente a él y le extendió la mano en forma de saludo.

_Mucho gusto, soy Heriberto Ríos Bernal, no sabe lo agradecido que estoy con usted por haber salvado a mi esposa, no tengo como pagárselo.- agradeció sinceramente con un apretón de manos.
_No me lo agradezca, es lo que cualquiera hubiera hecho. Me agrada haber podido ayudar a su esposa. -respondió con énfasis en la última palabra, sorprendido, llevó la mirada nuevamente a Victoria.
_Aun así, le agradeceré eternamente.
_Claro, por supuesto Victoria, siempre le estaremos agradecidos al caballero en cuestión. -dijo Camila acercándose a ella. -Pero creo que ya es hora de dejarte descansar Vicú, así que, nuevamente le agradecemos por todo señor Belmonte pero mi amiga necesita descansar.
_Por supuesto.- respondió observando fijamente a Victoria, tomó una de sus manos y se la besó, ante la atenta mirada de Heriberto.- fue un placer Victoria, Heriberto... Nos vemos muy pronto.- finalizó con una sonrisa y giró a observar a Camila con picardía.- Hasta luego, como siempre usted tan amable.- dijo con ironía para después retirarse.

_Camila, tu siempre tan amable.- repitió Pipino con diversión imitando la voz de Sergio, una vez este se retiró.
_Si no soy yo quién más. -expresó fingiendo una sonrísa. -Estoy cuidando a mi amiga y eso implica que tiene que descansar de todos, hasta de nosotros, así que ven Pipino, nos marchamos.
_No, es que apenas llegaron aún no conversamos, a ti no te molesta que se queden un rato más, verdad mi vida?.- preguntó a su marido girando para observarlo
_En lo más mínimo, siempre es un gusto verlos a ambos, y ya descansamos bastante Camila. -contestó Heriberto amablemente aunque había notado el leve enojo de Camila.
_Regina mía, con tu permiso necesito saludar al dottore como Dios manda, fueron cinco años los que no lo ví.- dicho esto Pipino se lanzó sobre Heriberto, para abrazarlo con efusividad, ya lo venía aguantando desde que lo vio entrar en la sala y si no lo hizo antes fue únicamente porque estaba Sergio.

Heriberto trató de contener la emoción de Pipino pero, pronto se sintió ahogado por el abrazo y con señas pidió ayuda a Victoria y Camila, que lo observaban tentadas de la risa.

_Pipino, creo que ya es hora de que sueltes a Heriberto, o de lo contrario Victoria, te tomará de los pelos y yo que tú no desafiaba a la Regina. -bromeó Camila soltando una risa.
_Camila tiene razón Pipino, suelta a mi esposo, ya fue suficiente.- advirtió fingiendo molestia y aguantandose la risa ante las caras que le hacía Heriberto.
_¡Ay, Regina! Solo extrañaba mucho al dottore, y él a mí. -soltó a Heriberto y luego lo observó expectante. -¿Verdad dottore? Dícelo a Victoria antes de que me haga algo.
_Por favor Pipino!. Deja en paz al pobre hombre, lo estás hostigando, claro que no te extraño.- respondió Camila entre divertida, ante la incomodidad de Heriberto.
_Los extrañé a todos por igual. -expresó Heriberto más tranquilo cuando Pipino al fin lo soltó. -Eres amigo de mi esposa y por lo tanto también mío, y agradezco tu cariño efusivo, Pipino.
_Lo vedi Camila?!- comentó altanero ante las palabras de Heriberto.- grazie mille dottore.- dió saltitos de la felicidad causando la risa de todos.

Todos rieron ante la efusiva alegría característica de Pipino, hasta Heriberto se prestaba a sus ocurrencias pues como lo había dicho él también ya lo consideraba su amigo.

Mansión San Roman

Los últimos rayos del sol teñían con sutileza el cielo que se preparaba para recibir a su anfitriona, la luna, que pronto reflejarían la profundidad de unos ojos verdes embebidos por el amor y el temor a perderlo en el soltar de un suspiro.

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