Cap 8

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Mansión Ríos Bernal


Varios minutos habían transcurrido, y Victoria aún estaba entre los brazos de su madre que le brindaba suaves caricias en el rostro.

_Mamá...—musitó en un hilo de voz.
_Hija—observándola fijamente.
_Quiero pedirte perdón por todo lo que te he hecho pasar desde aquel horrible accidente... Yo me encerré en mi dolor y no deje que nadie me ayudara, pensé que nadie tenía derecho a decirme nada porque nadie sabía por lo que yo estaba pasando. Yo no te merezco mamá, soy una mala hija y tú... Tú eres la madre que todos anhelarian tener.—suspiró y tomó un poco de aire para continuar.—Te traté de una forma muy fría y seca, te alejé de mí mientras tú solo querías ayudarme, pero es que no podía ver más a allá de la oscuridad en la que me encerré, no veía una luz de salvación y tampoco la quería ver. En estos cinco años perdí demasiado, pero ya no quiero más, te extraño y te necesito mamá.

Doña Isabel no dudó en acercarse a Victoria con lágrimas en los ojos, para estrecharla entre sus brazos con toda su fuerza.

_No hija mía, no digas eso por favor—tomó el rostro de Victoria entre sus manos e hizo que la mirara—escúchame lo que te voy a decir; tú eres mi única hija y yo te amo con todo mi corazón, no tengo nada que perdonarte mi vida, yo entiendo que tu dolor te ha hecho cambiar mucho, pero jamás he pensado que eres una mala hija, nunca vuelvas a repetir eso porque no es así! Tu cuentas conmigo siempre hija... Mi amor de madre es tan grande que ya no recuerdo nada de eso, yo solo quiero verte feliz como lo fuiste junto a tu familia, nada me haría mas dichosa que verte plena y que esos ojitos irradien luz de dicha nuevamente—llevo una de sus manos al rostro de Victoria y le secó una lágrima corría sobre su suave rostro—Te adoro, porque eres mi hija y así tu quieras nunca te voy a dejar sola. Tú fuiste, eres y serás siempre lo mejor que la vida me ha dado.

Victoria se aferró al pecho de su madre entre sollozos, ¡Cuanto la había extrañado! extrañaba esas palabras, ese calor, ese consuelo que solo esa mujer de ojos celestes y cabellos castaños le podía brindar. En esos cinco años que pasaron no la había llamado siquiera una vez, había frecuentado su casa un par de ocasiones especiales, y se había negado rotundamente a que la ayudara. Definitivamente le había dado la peor parte de sí a su madre, y no era algo que quisiera sino que no podía controlar, todos la conocían así desde que ocurrió la tragedia, nadie recordaba alegría en el rostro de Victoria y mucho menos una sonrisa de sincera.

_Gracias por todo, gracias por estar aquí y aguantar todos mis malos tratos.—dijo entre lágrimas.—Te amo mamá.
_No mi amor, no hables así. Olvida eso, lo importante es que estamos juntas y muy pronto mi yerno y mi nieta van a aparecer, y Dios recompensará tus lágrimas por muchas risas y felicidad mi vida, ya lo verás—expresó colocándole detras de la oreja un mechón que caía sobre su rostro.
_No te vayas, quédate aquí conmigo. —expresó observandola a los ojos.—Tienes que estar a mi lado cuando eso suceda...
_Ni aunque me pidas lo contrario yo me iría, aquí voy a estar contigo hija, nunca nos volveremos a separar... Nunca mi vida—la estrechó entre sus brazos acariciando su cabello.

Victoria se quedó en total silencio dejando que sus lágrimas fluyan del mismo modo, estaba conmovida por las palabras de su madre y deseaba quedarse en ese momento hasta que todo pasará. Minutos después levantó la mirada y esbozó una pequeña sonrisa y se separó de su madre, tomó la caja en sus manos y volvió a guardarla en su lugar.

_Estoy segura que la próxima que abras esa cajita, va ser para colocar un recuerdo más junto a tu familia—mencionó sonriendo esperanzada
_Confío en que así será mamá.—respondió Victoria con un poco más de ánimo.


Hospital X


Luciano, se encargó de investigar en el menor tiempo posible, sobre el hospital donde se encontraba aquel hombre que tenia similitudes con Heriberto. Finalmente se contactó y viajó hasta la ciudad de tijuana de inmediato cuando le informaron que allí se encontraba un pequeño hospital nada conocido y poco concurrido, apartado de la ciudad.
Se tardó unas cuantas horas para llegar, pero en cuanto lo hizo de inmediato buscó al Doctor de cabecera.

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