—¿Quieres mantequilla? —preguntó Usagi, levantando la voz para que la niña la oyera por encima del ruido que hacían las palomitas al explotar.
Rini asintió con entusiasmo.
—Muchísima.
Usagi puso una porción de mantequilla en una taza y la derritió en el microondas.
—Ya está —anunció Rini.
Entonces, Usagi se dio cuenta de que las palomitas habían empezado a salirse de la sartén y no pudo evitar sentirse culpable por su distracción. A ella le encantaba pasar tiempo con Rini. Había vivido con ella durante sus primeros cinco años de vida, hasta que Serena y Darien habían vuelto a casarse, y echaba mucho de menos a la niña. Pero aquella noche, sus pensamientos estaban centrados en Mamoru.
Se preguntó si habría encontrado a otra persona a la que invitar a la obra de teatro, e intentó no imaginarse quién podría estar sentada a su lado en el teatro.
¿Beryl Jones, la administrativa del juzgado con la que él había estado saliendo aquel año? ¿O Rei Hino, la nueva abogada que él había contratado hacía poco tiempo?
Dejó de especular. No importaba. No debería importarle. Después de todo, ellos solo eran amigos, y así era como ella quería que fueran las cosas. Pero aun así, una pequeña parte de ella habría querido estar con él aquella noche.
Repartió la mantequilla por encima de las palomitas, tal y como Rini le había pedido.
—Vamos a ver la película —le dijo, ayudando a la niña a bajar de la encimera, donde la había sentado para que viera cómo se hacían las palomitas.
—Muy bien —respondió Rini.
Usagi acababa de entrar en el salón cuando oyó que llamaban a la puerta. Dejó el cuenco de palomitas sobre la mesa y fue a abrir.
Era Mamoru.
Se le cortó la respiración, pero consiguió quitar el cerrojo y abrir la puerta.
—Creía que estabas en el teatro.
—He regalado las entradas —dijo, y no esperó a ser invitado para entrar.
—¡Tío Mamoru! —Rini llegó corriendo desde el sillón y se echó en sus brazos.
Mamoru la subió por los aires.
—Mmm. Hueles a polvos de talco y palomitas.
Usagi suspiró melancólicamente cuando los vio juntos. Él actuaba de una manera tan natural con ella, y estaba tan cómodo… Sabía que iba a ser un gran padre. Aquella era otra razón por la cual ella y Mamoru no estaban hechos el uno para el otro.
—La tía Usagi y yo íbamos a ver una película —dijo Rini.
—¿La sirenita? —adivinó Mamoru.
—¡Sí! —dijo la niña, asintiendo con energía.
—Pero… ¿todavía no se te ha gastado la cinta?
—Se la regalaron en DVD por su cumpleaños —lo informó Usagi.
Mamoru miró al cielo con resignación.
—¿Quién?
Usagi sonrió.
—Yo.
—¿Quieres verla con nosotras? —preguntó Rini.
—¿Me vas a dar palomitas?
—Sí.
—En ese caso, me encantaría.
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CORAZÓN BLINDADO (McIvers Libro 2)
RomanceBalas, incendios, bombas... Estaba claro que alguien la quería muerta. Usagi Moon había dedicado toda su carrera a proteger a otras personas, pero ahora era su propia vida la que estaba en peligro. La abogada pensaba que era imposible que las cosas...
