24/01/2015

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24/01/2015

- Adiós mamá.-le grite a mi madre desde la puerta.

-Adiós, cuídate.-me respondió.

Salí de la casa, con mi ya común mochila en la espalda. Había decidido ir más temprano al centro psiquiátrico porque el sábado pasado no había pasado mucho tiempo con Paige y le prometí que pasaríamos un hermoso tiempo de amigos esta semana.

Al parecer, no había peligro con Paige, ya que estaba tomando sus medicamentos y terapia adecuada, Elena me lo hizo saber.

Aunque seguía asustado, esos doctores hacían algo a los pacientes, algo que no querían que se supiera o que el rumor llegará fuera del hospital. Y eso me preocupaba bastante, si estaban haciendo algo tan malo como para que no quisieran que se formaran rumores, debía ser algo grave, algo ilegal, o algo inhumano. O las tres cosas.

- Hola Spencer. ¿Vienes a ver a Paige? -me dijo el guardia cuando llegué. Él ya me reconocía, ya que me quede hablando con él la semana pasada mientras esperaba a mi padre.

- Hola Vince -le di una sonrisa amistosa- Sí, vengo a ver a Paige. -él, como siempre, anoto esos datos.

- Puedes pasar.-abrió la puerta y le di las gracias.

Entré por la gran puerta y me encontré con muchos pacientes caminando de allá para acá.

Deje de respirar en el momento en que vi que todos me veían.

- ¿Quieres? -me dijo un chico como de quince años ofreciéndome un vaso vacío.

- No gracias.

- Tómalo.-el chico veía el vaso fascinado, mientras yo lo veía con miedo. Lo tomé inseguro.

- Gracias.- tragué saliva.

El chico aun seguía con el brazo extendido hacia mi y su mano estaba en la misma manera como si estuviera sosteniendo el vaso.

Y me estaba dando miedo.

Tranquilo Spencer, sólo tienen problemas, no son unos fenómenos.

Di respiraciones largas para poder calmarme.

Ahora nadie me veía, incluso el chico se había ido de mi lado en cuánto simule beber del vaso.

- Spencer, por aquí.-voltee y me encontré con Elena en las escaleras.

Dejé el vaso en una mesita y me dirigí a toda prisa hacia Elena, esquivando y tratando de no empujar ni que me empujaran.

Estaba a punto de llegar con Elena cuando el mismo chico se puso de nuevo en frente mío con el vaso en su mano. Di un pequeño salto por el susto.

- Tomálo.

- Hmm, yo…-dije en un titubeo.

- Spencer, tomálo, Tom no te hará nada.-me dijo Elena.

Volví a tomar el vaso, y volví a simular que bebía de él, y después Tom, al parecer, se alejo de mí.

- Siento que hayas tenido que estar en ese inmenso grupo de pacientes, pero están reasignando habitaciones a los del piso uno.-asentí- Y cuando un paciente te ofrezca algo, solo tomálo y espera a que se vayan, se pueden tornar histéricos.-volví a asentir.

Subimos en silencio hasta el piso número cuatro, habitación 456.

Me sentía seguro con Elena, así que le pedí que se quedara conmigo mientras estaba con Paige, y ella me dijo que estaba bien.

- Así vuelan los aviones Li. -Paige correteaba por la habitación con los brazos extendidos, simulando ser un avión. Sonreí enternecido.

- Paige, dios, te vas a lastimar.-dijo Elena tratando de que Paige dejará de brincar en la cama.

- Spencer, ¡Atrapame! -se dejo caer encima mío, y la sostuve en un abrazo, haciendo que sus pies no tocaran el piso, mientras los dos reíamos.

- Adolescentes, nada los detiene.-dijo Elena riendo.

- Elena, yo no soy una adolescente, yo soy un avión.

- Bien, el pequeño avión tiene que aterrizar.-la bajé.

- Paige, es hora de tu medicamento, después podrás estar con Spencer.- Paige asintió no muy convencida y se sentó en la cama, yo deje mi mochila a un lado y me recargue en la pared.

Elena sacó una jeringa y un botecito con líquido de los bolsillos de su blusa de enfermera. Lleno la jeringa con el líquido, lo golpeó con los dedos, se puso a un lado de Paige, e iba a introducir la aguja en el brazo de Paige cuando esta dio un grito.

- ¡Drogas! -y empezó a reír.

- Paige Savey, quédate quieta si no quieres una aguja en tu brazo.-la reprendió Elena, Paige sólo asintió.

Elena introdujo la aguja, pasó el líquido y volvió a sacar la aguja.

- ¿No te duele? -le pregunté a Paige.

- Me ponen demasiadas drogas aquí, estoy bien.

- No son drogas, es medicamento.-le dije.

- Es la misma cosa.-reí un poco.

- Como tú quieras.

- Vamos, serás mi jirafa.-me dijo.

- ¿Una jirafa? -le pregunté confundido.

- Sólo acércate y ponte de espaldas.-hice lo que me dijo y saltó en mi, haciendo que yo rápidamente la tomara de las piernas, mientras ella ponía sus brazos alrededor de mi cuello y reía.

- Oh, seré un caballo.-reí con ella mientras caminaba con ella en mi espalda.

- No, una jirafa.-rió.

- ¿Por qué una jirafa?

- Porque las jirafas no emiten ningún sonido, y a mi no me dejan decir nada que ellos no quieran escuchar, por eso me gustan las jirafas, son como yo.

Pude ver como Elena se ponía nerviosa.

- Pensé que eras una avión.-reí tratando de que Elena se relajara, y así lo hizo.- ¿Quieres ir al jardín?

- Vamos, pequeña jirafa.

- Elena, ¿podrías abrir la puerta, por favor?

Ella nos sonrió y abrió la puerta, dejándonos pasar, después ella salió y cerró la puerta.

Yo baje las escaleras con Paige en la espalda, mientras Elena me decía que tuviera mucho cuidado y a Paige que no se moviera brusco para que no me hiciera caer a mí, y por ende a ella encima mío haciéndonos rodar por las escaleras, por que podían despedirla.

- Pensé que lo decias por que te preocupaba que nosotros nos lastimaramos.

- Toda responsabilidad de caer por las escaleras es suya. Yo soy responsable de mi trabajo aquí.-Paige rió de esto.

- Por eso me encanta que seas mi enfermera Ele.

- Es por que soy la mejor.-los tres reímos de esto, aunque yo sí pensaba que ella era la mejor enfermera del lugar.

Bajamos todos los pisos riendo y haciendo bromas.

Eran esos momentos que me gustaban, donde parecía que Paige era una chica sin problemas, donde parecía que todos eramos amigos y podíamos vivir alejados de ese lugar, que yo podía verla todos los días en la escuela, o a la vuelta de mi casa, cuando íbamos a hacer las compras al supermercado o cuando íbamos a la heladería.

Pero la realidad era que ella tenía esquizofrenia, vivía allí, no la veía todos los días más que los sábados, no era una de mis vecinas, no la encontraba de causalidad en el supermercado, y menos podíamos ir juntos a la heladería.

Lastimosamente la realidad era así.

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xa.

Esquizofrenia.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora