Hoy es, en apariencia, un día más para Valeria. La rutina avanza con su ritmo sordo de siempre: el goteo constante de correos por responder, las ideas que lucha por ordenar y las imágenes que retoca mecánicamente en la pantalla. Intenta volcarse por completo en el trabajo, aferrarse a esa anestesia de tareas cotidianas, pero su mente se resiste de forma tenaz a quedarse en el presente.
El eco de la noche anterior regresa una y otra vez para instalarse en su nuca. Todavía siente la dureza helada de las palabras cruzadas, el veneno silencioso de los celos y la violencia sorda de la marcha de Carla. Un nudo incómodo de culpa y angustia se le asienta en el estómago. Entiende el enfado de Carla mucho más de lo que le gustaría admitir, pero al mismo tiempo la embarga la impotencia de no saber cómo manejar un naufragio de este calibre.
Es la primera vez que se enfrentan a una grieta real desde que están juntas, y ese peso la paraliza. No sabe cómo gestionar un conflicto cuando el abismo es tan profundo, cuando el miedo a perderlo todo deja de ser una hipótesis abstracta. Teclea, borra la línea, vuelve a escribir y vuelve a borrar. Entre tanto ruido mental, una única idea termina por imponerse sobre el resto: la certeza aterradora de que algo verdaderamente importante, por primera vez en su vida, se le está escapando de las manos.
Con un suspiro, abre el panel de su blog y sus perfiles en redes sociales. La inercia del personaje público exige alimento, de modo que redacta una actualización banal para sus seguidores: «Ya sabéis que me encantan los negros y los grises, para vestir y para todo».
Aunque la pantalla de su teléfono solo devuelve el silencio impasible de Carla, Valeria sigue enviando mensajes. Necesita lanzar cabos hacia el otro lado del abismo, sabiendo que, tarde o temprano, Carla los terminará leyendo.
Decide escribirle una vez más. Esta vez sin la precipitación de la culpa, dejando que las palabras broten desde un rincón desnudo y vulnerable:
«Mi amor, no sé cómo explicarte cuánto significas para mí. Eres mi persona favorita, mi refugio... Solo te pido que confíes en mí, como yo confío en ti».
La confianza... Valeria reflexiona sobre la fragilidad de esa palabra mientras contempla el cursor parpadear. Sabe que es el pilar más delicado y exigente de cualquier relación sexo-afectiva. Recordar la magia auténtica de cada instante compartido le infunde un halo de esperanza; quiere convencerse de que lo suyo no es algo pasajero. La quiere por encima de todo el ruido y no siente ningún temor al admitirlo.
Al otro lado de la ciudad, Carla escucha vibrar el teléfono. El tono de notificación es inequívoco: una melodía asignada en exclusiva a Valeria. Antes de rozar la pantalla, el corazón le da un vuelco involuntario. Sabe de sobra quién es.
Observa el dispositivo iluminado... pero se niega a abrir el mensaje.
El orgullo y el enfado siguen formando un blindaje espeso a su alrededor. Cuando algo consigue herirla de verdad, Carla necesita distancia: encerrarse en sí misma, ordenar lo que siente y esperar a que la rabia deje de hablar por ella. Pero esta vez no está resultando fácil.
La idea del viaje regresa una y otra vez, acompañada siempre del mismo nombre: Ángel. Una semana en Japón con alguien que ha formado parte de la vida de Valeria y que, según sabe, todavía siente algo por ella.
Solo imaginarlo despierta de nuevo los celos.
Sabe que se está haciendo daño anticipando situaciones que ni siquiera han ocurrido, pero no puede evitarlo. Piensa en todas las horas que pasarán juntos, en los vuelos, las sesiones de fotos, las conversaciones después de trabajar, en esa intimidad inevitable que nace cuando dos personas comparten tantos días lejos de casa. Y cuanto más intenta apartar aquellas imágenes, con más fuerza regresan.
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A través de nuestra mirada.
FanfikceDetrás de cada mirada, cada silencio y cada decisión existe una historia que merece ser sentida. Dos mujeres. Dos mundos distintos. Un encuentro capaz de cambiar la forma en que ambas entendían su propia vida. A través de nuestra mirada es una histo...
