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Kuroo.

Desperté con Hinata en brazos. Había gotas de lluvia estremeciendo la ventana y la película que estaba viendo hace rato había terminado, no era muy buena de todos modos. El sonido de una canción proveniente del suelo era lo que había hecho que despertara tan derepente.

— Hinata... chibi... tu teléfono... suena.

— ¿Eh? ¿Qué...? — el pequeño hizo marometas para alcanzar su celular en el suelo junto a la ventana. Para ese momento la llamada había cesado pero no tardo en volver a sonar — ¿Bueno? — dijo con la voz menos somnolienta posible, algo al otro lado de la línea lo hizo espabilar — ¿Ah, papá? S-si... bueno... perdimos el partido, así que... si... ya habrá oportunidad el año próximo, supongo...

Traté de rellenar los espacios vacíos de la conversación con las posibles respuestas mientras el pelinaranja caminaba ansiosamente por la habitación.

— estoy dónde Kuroo, estabamos pasando el rato y se nos fue el tiempo... — se detuvo frente a la ventana mirando con algo de enojo el exterior — si, esta lloviendo algo... me iré en cuanto cese.

— no parece que vaya a parar pronto, Chibi-chan. Puedes quedarse esta noche si gustas — dije encogiendome de hombros como quien no quiere la cosa, pero estaba algo ansioso con la idea de tener a Hinata durmiendo bajo el mismo techo. Me dio una mirada difícil de descifrar.

— ah, Kuroo-san dice que puedo pasar la noche aquí si no para de llover... n-no, a demás Kenma esta con nosotros... ¡Papá, c-claro que no voy a...! si, yo sé... también te quiero. Hasta mañana.

Sentí curiosidad por los últimos fracmentos de conversación pero por el sonrojo en las orejas de Hinata pude descrifrarlo sin mucho esfuerzo. Se sentó en la orilla de la cama junto a la cabecera, lo enfrenté escaneando su rostro. Sus ojos me observaron de vuelta con confusión, buscando cuales eran mis intenciones o preguntandose por qué lo miraba tanto.

— ¿Se te perdió algo en mi cara o qué? — preguntó bruscamente sacandome una risa — ¿Q-quieres pelea?

— solo me pareció curiorioso... no sabía que Kenma vendría — me escogí de hombro.

— n-no lo hará, eso fue una pequeña mentira... piadosa, por supuesto — sus mejillas volvieron a adquirir el tono rojizo de hacia un minuto — sino iba a pensar cosas raras...

— entonces le mentiste a tu padre... eso esta mal, Hinata.

— no quería que se precupara.

— es que cómo no preocuparse — me acerqué a él lo suficiente para que nuestro aliento se entre mezclara — teniendo un hijo tan lindo y que a demás es un pequeño mentiroso...

— y-yo no... no soy un mentiroso y-y tampoco soy lindo — trató fielmente de manterner la mirada pero terminó fallando. Sus ojos cayeron a mis labios a la vez que los míos en los suyos.

— decirle a tu papá que no pasarias la noche sólo con un chico... decirle que Kenma estaba aquí... decirle que nada especialmente raro va a pasar — el aire caliente iba de un lado a otro.

— n-nada raro va a pasar... ¿verdad?— me encogí de hombros ante la voz tímida de Hinata.

— no si tu no quieres...

Mi mano atrajo su mentón y sin ser capaz de esperar un minuto más mis labios tocaron los suyos en una caricia que había estado anhelando desde hacía días.

Sus labios estaban salados pero eran tan suaves como los recordaba. Sus manos se aferraron a mis hombros profundizando el beso, el cual lentamente pasó de ser delicado y tierno a ser adictivamente asfixiante, caliente y necesitado.

N E K O M ADonde viven las historias. Descúbrelo ahora